Desconfiad de la mujer que habla de su virtud y del hombre que habla de su honestidad.
Locura es dar consejos a un enemigo; pero más locura todavía es tomarlos de él.
Justicia, cosa muy buena; pero no en mi casa, en la ajena.
El que es sabio atesora el conocimiento, pero la boca del necio es un peligro inminente.
A la mujer, ni todo el amor, ni todo el dinero.
¡Quien sabe cuántos enemigos tienes en torno a la mesa!.
Buscarle la quinta pata al gato.
A gente villana, pocas palabras y ésas, claras.
Vivir juntos es endemoniarse juntos.
Cuando se es rico, siempre se baila bien.
El que tiene más galío, traga más pinol.
No ofende quien quiere sino quien puede.
A fácil perdón, frecuente ladrón.
Dádivas quebrantan peñas.
A la vaca que no se cubre, se le seca la ubre.
Inteligencia y belleza: gran rareza.
Nadie cava con tesón sino el dueño del hurón.
Lo que cada uno vale, a la cara le sale.
Más maestra es la adversidad que la prosperidad.
Querer a quien no me quiere, mal haya quien tal hiciere.
Del ahorro viene el logro.
La fortuna es madrina de los necios.
Nada es barato sin una razón.
La cortesía exige reciprocidad.
A palabra necias, oídos sordos.
Año bisiesto, hambre en el cesto.
Aunque me eches losperros al rabo, me lleve el demonio si dejo el nabo.
Lleno de pasión, vacío de razón.
Buen ejemplo y buenas razones avasallan los corazones.
De arriero a arriero no pasa dinero.
Para alcanzar, porfiar.
Actividad cría prosperidad.
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
En lo ajeno, reina la desgracia.
Amor nunca dice basta.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
En talento o en caudales, lo que tienes justo vales.
La hambre no tiene aguante.
Alabanza propia, mentira clara.
Daño merecido, no agravia.
Del que jura, teme la impostura.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
El dar y el tener, seso ha de menester.
Nadie come gallina gorda de mano ajena.
¿Riñen los amos?. Mal augurio para los criados.
Quien comprar quiere la yegua o el burro antes la menosprecia.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Este afán renovador, cambia malo por peor.
Reniega del amigo que se come lo tuyo contigo y lleva lo suyo consigo.