Esta es la gota que derramo el vaso.
Indio que mucho te ofrece, indio que nada merece.
Tanto está la gotera sobre la piedra hasta que hace el roto.
Hay que tomar el toro por las astas.
Hermoso cagar de ventana, el culo para la calle.
El dinero del juego muchos lo tienen, pero pocos lo retienen.
Lo que hace el burro, pare la burra.
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
Debajo de la manta, tanto vale la negra como la blanca.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
Hijos casados, duelos doblados.
Entre pillos anda el juego.
El que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro.
El que da todo lo que tiene en cueros se queda y nadie lo quiere.
La tradición y los platos se hicieron para romperse.
Las cartas y las mujeres se van con quien quieren.
El dueño de la casa es el criado del huésped.
Un coloño bien atao, evita dos mandaos.
Donde mengua el trigo, abundan los cerdos
¡Somos gente pacifica y no nos gusta gritar! (Transición española)
Cada oveja con su pareja.
A caballo regalao no se le mira el cormillo.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
A escote, no hay pegote.
Cuando no se puede segar, se espiga.
Si cuidas tus centavos, tus millones se cuidarán solos.
Cuentas de pobre, raro es que se logren.
Quien comprar quiere la yegua o el burro antes la menosprecia.
A todo se acostumbra uno en esta vida, menos a no comer.
El agua fluye, las piedras se mantienen.
A quien dan, no escoge.
Bailar la trabajosa.
Hacerse el de la oreja mocha.
Justo es que pierda lo suyo, quien robar quiso lo tuyo.
Para muestra basta un botón.
Casa de mantener, castillo de defender.
Tu médico sea cristiano, y tu abogado pagano.
El hombre sabio aprende a costa de los tontos.
Por todas partes se va a Roma.
Polvo de ladrillo malo para el bolsillo.
Mala yerba, mucho crece.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
Pastelero a tus pasteles.
Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
Donde hubo fuego, cenizas quedan.
Te casaste, te entera.
Quien casa con mujer bella, de su honra se descasa.
Mujeres xuntas, ni difuntas.
Ni el trigo es mío, ni es mía la cibera, conque así, muela el que quisiera.
El que cuida la higuera, comerá de su fruto.