Come leite e bebe viño, e de vello serás mociño. Come leche y bebe vino y de viejo estarás como un niño.
Dueña que mucho mira, poco hila.
Aunque la mona se vista de seda mona es y mona se queda.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Cacarear y no poner huevos, cada día lo vemos.
El hombre por el traje, la perdiz por su plumaje.
Más grande que el apetito, el ojo que mide el frito.
Visitas, pocas y corticas.
Araña muerta, visita cierta.
No tiene un pelo de tonto.
Úntate con aceite, que si no sanares, te pondrá reluciente.
Vísteme despacio que tengo prisa.
Pan ajeno nunca es tierno.
Esto parece el coño de la Bernarda.
Hombre bermejos, ni de cerca ni de lejos.
Fingir ruido por venir a partido.
Árboles y hombres, por su fruto se conocen.
Llegaste como caído del cielo.
Cabeza grande y gran cabeza, son dos cosas muy diferentes.
Quien te ha visto y quien te ve.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
A cada paje, su ropaje.
Cosa fea, ni se haga ni se aprenda.
Al que mucho se agacha, el culo se le ve.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
Cada raposa mira por su cola.
Algo es algo dijo un calvo. Y se encontró un peine sin púas.
Buey hermoso, no es para trabajo.
El diablo está en los detalles.
Ausente, apenas viviente.
Mucho decir veremos, pero nunca vemos.
Palabras de santo, uñas de gato.
Del tiempo y de mujeres, lo que vieres.
Es mejor un feo hago que un hermoso haré
Uno come la fruta aceda y otro tiene la dentera.
Más vale remiendo feo que agujero hermoso.
Nada es verdad ni mentira, todo es del color del cristal con que se mira.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.
Bebiendo por la bota, parecerá que bebes una gota.
Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
La necesidad tiene cara de hereje.
Cortesía de boca, mucho consigue y nada cuesta.
El sol siempre reluce.
El diablo no es nunca tan feo como lo pintan
Todos nacimos en cueros; y aunque la vanidad nos viste, la tiera nos dejará en los huesos.
Guarda y no prestes; porfía y no apuestes.
Fragilidad tu nombre es mujer.
Con ese cuello la jirafa, y un poquitito de maña, de los retoños más dulces, bien que se apaña.
Haz bien y no mires a quien.
Dirán si eres limpio o guarro, las costeras de tu carro.