Una maravilla, con otra se olvida.
Tanto tienes, cuánto vales.
La felicidad consiste a menudo en el arte de saberse engañar
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
Olla quebrada, olla comprada.
Viuda que no se consuela, será por pobre o por fea.
Si tienes riqueza, da trabajo para compartir la pobreza.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
Afición por afición, más cerca está la camisa que el jubón.
Si quieres agrandar los campos de la felicidad, comienza por nivelar tu corazón.
Para ganar, forzoso es trabajar.
Lo que no está firmado, no está amarrado.
Vale más saber que tener.
A quien mucho se apresura, más el trabajo le dura.
Repartamos así: para ti la Justicia y el favor para mí.
De los vivos mucho diezmo, de los muertos mucha obada, en buen año, buena renta, y en mal año, doblada.
Sé osado y serás afortunado.
Madura apenas la mora, y el mirlo se la devora.
Para alcanzar dicha plena, nos toca perder la pena.
Casar, casar empieza bien y termina mal.
En vino y en moro, no pongas tu tesoro.
De juergas, pendencias y amores, todos somos autores.
Razón y cuenta, amistad sustenta.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
No por mucho cargar sobre los hombros a los amigos te vuelves jorobado
Con hilo de plata labró mi seda, y voy y la tiendo en la alameda.
Un bellaco cree que nada se puede hacer sin bellaquería.
La promesa debe ser cumplida y la acción debe tener resultado.
Buena condición vale más que discreción.
Una hora de contento, vale por ciento.
Si el trabajo dignifica, ser digno nada significa.
Es mejor pecar poco que confesar mucho
Del tiempo y de mujeres, lo que vieres.
De esperanzas vive el hombre, pero muere de desilusiones.
Indio comido indio ido.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
Fía mucho, más no a muchos.
Come para vivir y bebe para comer.
La abeja de todas las flores se aprovecha.
El aspecto orgulloso aleja los corazones, pero la cortesía los gana.
Gana poco, pero gana siempre.
Mal acaba quien mal anda.
La fortuna ayuda a los que se ayudan a sí mismos.
No es pobre el que poco tiene, sino el que quiere.
Desengaños y sinsabores matan a los mejores.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Bien reza, pero mal ofrece.
¡Andá a cobrarle a Magoya!