Vence en la mocedad los días buenos, y para la vejez quedan los duelos.
De suegras y de cuñadas va un carro lleno, mira que linda carga va para el infierno.
A fraile no hagas cama; de tu mujer no hagas ama.
Casamiento santo sin capa él y ella sin manto.
La mujer el pan amasa y el viejo mande en casa.
Asno de dos, válgale Dios.
A las suegras, oírles la misa y sacarles el cuerpo.
Para mejor pasar la vida, tener esposa y querida.
Hijos casados, duelos doblados.
Guardólo Dios de piedra y niebla, más no de puta vieja.
El que se viere solo y desfavorecido, aconséjese con los refranes antiguos.
Maldición de puta vieja no va al cielo.
El amor es ciego, pero el casamiento encuentra la cura.
Ni boda pobre, ni mortuorio rico.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
El hombre casado, ni frito ni asado.
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
Está creyendo la beata, que quien reza y peca empata.
De vaca vieja, novilla brava.
Mano de santo cura como por encanto.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
Viejo con joven en la cama, muy repleta tiene el arca.
El viejo que casa con niña, uno cuida la cepa y el otro la vendimia.
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Es una pena ser viejo, pero no lo es todo el que quiere.
Entre amigos honrados, cumplimentos dispensados.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Putas y toreros, a la vejez os espero.
El fraile, la horca en el aire.
Allá vayas, casada, donde no halles suegra ni cuñada.
Maestre por maestre, seálo éste.
Casado a los cincuenta, no llegarás a los sesenta.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
Te casaste, te entera.
Más vale mujer triste que marido que embiste.
Si a los treinta no te has casado ni a los cuarenta eres rico, arre borrico.
Ni amigo reconciliado ni cordero dos veces asado.
El día que te cases salen tus faltas y el día que te mueras, tus alabanzas.
¡Ay, caderas hartas de parir, y ninguna de mi marido malogrado!.
Pagan justos por pecadores.
Entre suegra y cuñado, sale el nieto abogado.
Bodas buenas y magistrado, del cielo es dado.
Al viejo no le falta que contar, ni al sol ni al hogar.
Las lágrimas de una viuda rica se secan pronto.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
El dolor del viudo es corto pero agudo
El cura de la aldea, por él venga lo que desea: que mucha gente se muera.
Quien quiera mujer eterna que se case con una enferma.
Antes de poner en duda el buen juicio de tu mujer, fíjate con quien se ha casado ella.