Me basta un rincón junto a la chimenea, un libro y un amigo, un sueño breve, no atormentado por las deudas
Caridad contra caridad no es caridad.
No le pido a Dios que me dé, sino que me ponga donde hay.
Este si que se llevo el santo y hasta las limosnas.
Abad, judío y madona, jamás perdonan.
Quien te hace fiestas que no te suele hacer, o te quiere engañar, o te hará menester.
Clérigos, frailes y pardales, son malas aves.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
A quien presta nada le resta.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
El que nada debe nada teme.
No saber una jota.
Dios castiga sin dar voces.
Si orar es de hermanos, rectificar es de humanos.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
Rey en mi casa soy, y a donde no me llaman, no voy.
Con quien no tiene más Dios que su plato, poco trato.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.
Contra el feo vicio de pedir, existe la noble virtud de no dar.
Casa convidada, pobre y denostada.
A cada ermita le llega su fiestecita.
El que poco pide, poco merece.
A borregos recién esquilados, no les mande Dios viento helado.
Cerdo que no madruga, no come caca caliente.
Gente pobre no necesita criados.
Ni quiero ni rechazo nada de modo absoluto, sino que consulto siempre las circunstancias.
El que no ayuda, estorba.
Está en todo menos en misa.
Una golondrina no hace verano, ni una sola virtud bienaventurado.
Ingratos hacen recatados.
No oigo, soy de palo.
El que no te conozca, que te compre.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Ausente, apenas viviente.
El ladrón en la horca y el santo en el altar para bien estar.
Saber de pobre no vale un duro
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
El amigo, lo escojo yo, el pariente, no.
Variante: Sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o la saca de la oreja o la roba del altar.
Ni boda pobre, ni mortuorio rico.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida cosa más mala, que la pena de ser ciego en Granada.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.
Quien no tiene enemigos, de nadie es conocido.
Guárdame de aquel en quien tengo puesta mi confianza, que de quien desconfío, me guardaré solo.
Sacristán que vende cera y no tiene cerería, ¿de dónde la sacaría?
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
Alábate, Juan, que si no te alabas no te alabarán.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
Te conozco, pajarito.