Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Obra acabada, a dios agrada.
Mal reposa la vida dudosa.
Camisa y toca negra no sacan al ánima de pena.
El diablo nunca duerme.
A mono viejo no se le hace morisqueta.
Jornal adelantado, brazos quebrados.
Explique, no complique.
Navigare necesse est, vivire non est necesse.
La verdad padece, pero no perece.
De cornada de burro, no vi morir a ninguno.
Alegría y tristeza muerte acarrean.
La miseria es como la tos, no se puede esconder.
Secreto a voces.
Ya ni en la paz de los sepulcros creo.
Gallo que canta al sol puesto, señal de muerto.
Cada criatura obra según su natura.
Tras de maluca tuerta, más le valiera estar muerta.
Belleza de cuerpo no se hereda
Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles. e Hasta que el cuerpo aguante.
Nunca peca por estulto, quien sabe escurrir el bulto.
Quien no anda despierto, lo toman por muerto.
Tienen el mismo principio, pero no igual, el sueño y la muerte.
Barba pone mesa, que no brazo ni pierna.
Da Dios alas a la hormiga, para morir más aína.
Casamiento y mortaja del cielo bajan.
Del mal que el hombre teme, de ése casi siempre muere.
Manda y descuida; no se hará cosa ninguna.
Quien a otro ha de matar, antes ha de madrugar.
La cera se destruye y la procesión no camina.
La muerte de un anciano es como una biblioteca que se quema.
La paciencia no está entre los jovenes.
Agua corriente, no mata gente; agua estancá, la matará.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
Habiendo fiesta y velorio regado, no hay novia fea ni muerto malo.
El que algo teme, algo debe.
No hay que mentar la soga en casa del ahorcado.
De casi no muere nadie.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Quien discretamente se cura, más dura; quien se cura y se curetea, su muerte desea.
A cada cosa le llega su tiempo.
Quien solo vive, solo muere.
Del harto al ayuno, no hay duelo ninguno.
Ninguno tan pobre muere que más no naciese.
Flor temprana fruto no grana.
Las dichas no vienen a pares; una desgracia no llega sola.
Está como aji titi.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
A hora mala no ladran canes.
Nadie se puede evadir de lo que está por venir.