cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito.
Culpa no tiene quien hace lo que debe.
El dinero tiene la cola corta. Por eso cuesta tanto agarrarlo.
Amor no sufre ausencia.
Al amigo que en apuro está, no mañana, sino ya.
En ningún apostolado falta un judas.
Escrita la carta, mensajero nunca falta.
Al demonio y a la mujer nunca les falta quehacer.
La mucha tristeza es muerte lenta.
Quien briega y se esmera, al fin se supera.
El caballo que mucho anda, nunca falta quien le bata.
A juventud ociosa, vejez trabajosa.
La ambición y la venganza siempre están hambrientas.
Lección bien aprendida, tarde o nunca se olvida.
Las desgracias vienen juntas, y las gracias muy espaciadas.
Si vas de prisa, alcanzas la desgracia; si vas despacio, es la desgracia la que te alcanza a ti.
El tiempo vuela, que se las pela.
Incluso el día más largo tiene un final
El que corre muy aprisa no correrá mucho.
Quien a mano ajena espera, mal yanta y peor cena.
Nadie va al abogado que venga desconsolado.
La trasquilá, buena o mala, a los cuatro días iguala.
A nave rota, todo tiempo es contrario.
Siempre ayuda la verdad.
Aprovecha el tiempo bueno, ya que el malo se mete solo.
Mal de gota y de locura, tarde tiene cura.
Avanza, avanza; que la juventud no se cansa!
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
Uno no se mea porque el baño esté lejos, sino porque no sale con tiempo.
Lo que falta por hacer, es lo que no se ha intentado.
A quien cuida la peseta nunca le falta un duro.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
Juicios tengas, y los ganes.
Dios consiente, pero no siempre.
Jurar como carretero.
Joda más, joda menos, pero no joda tan parejo.
El viejo por no poder y el mozo por no saber, dejan las cosas perder.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
Confesión hecha, penitencia espera.
Donde no hay ventura, poco sirve la cordura.
La venganza no es buena mata el alma y la envenena.
Jornal adelantado, brazos quebrados.
A la larga y a a la corta la mentira se descubre.
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
Todo por servir se acaba... y acaba por no servir.
El derecho de los pobres no es más que llanto
La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.
De refrán y afán pocos se librarán.
Calumnia, que algo queda.