Hablando la gente se entiende.
Donde hay hambre no hay tortilla mala.
Por la panza empieza la danza.
Cazador con levita, quita, quita.
Boca con duelo, no dice bueno.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Tú que coges el berro, guárdate del anapelo.
No te asocies al acalorado ni le visites para conversar.
Cuando dios da pan duro, da dientes fuertes.
A la mesa de San Francisco, donde comen cuatro, comen cinco.
La caca, limpiarla en casa, y no sacarla a la plaza.
Para que ande bien la cosa, una vieja y otra moza.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.
Por el árbol se conoce el fruto.
El tonto con buena memoria recuerda las tonterías propias y las ajenas.
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
Agua buena, sin olor, color, ni sabor, y que la vea el sol.
A ningún tonto le amarga un dulce.
Si tu beso tiene el ardor del sol, la rosa te dará todo su perfume
No seas hornera si la cabeza tienes de cera.
Bromas y chascarrillos para los amiguillos.
De esa manera, mi abuela.
Mochuelo a principio de cazadero, mal agüero.
En la casa del cura, siempre reina la ventura.
De petaca ajena, la mano se llena.
Se quedó sin el pan y sin la torta.
¡Otra pata que le nace al cojo!.
Fea y con dote, trae a muchos en el bote.
Cercón lleva la luna, mi amor se moja.
Bestia alegre, echada pace.
Quien con pícaros se amaña, es de la misma calaña.
El que no tiene cabeza, tiene lomo.
Amante atrevido, de la amada más querido.
Tendrán que pasar hambre en la época fría los que no trabajen en la caliente.
El envidioso es de tal ser, que no se le indigesta lo que come sino lo que ve comer.
A mucho vino, poco tino.
Cuando era moza, meaba por un punto, ahora que soy vieja, méolo todo junto.
Hay confianzas que dan asco.
Arriba canas y abajo ganas.
Cuando apunte la hoja, siembra la panoja.
El buen mosto sale al rostro.
Según sea el paño, hazte el sayo.
Chocolate frío, échalo al río.
Que llueva, que no llueva, pan se coge en Orihuela.
El vino es la teta del viejo.
El jornal por la puerta entra y por el humero se va.
Hacer agua los dientes.
La ignorancia envejece como el búfalo, su grasa crece, más no su sabiduría.
Del viejo, el consejo; y del rico el remedio.
El que sacrifica su conciencia a la ambición quema una pintura para obtener las cenizas.