El arroz es el nervio de la guerra.
Agua de navazo, ensancha la barriga y estrecha el espinazo.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
El café, en taza, y los toreros, en la plaza.
Con los años viene el seso.
La que se enseña a beber de tierna, enviará el hilado a la taberna.
Quien bien imagina, llámese adivina.
Saber amar es mucho saber.
Tras buen soplo, buen sorbo.
Muerto que no hace ruido, mayores son las súas penas.
La verdad adorna la boca de quien la dice.
Casarse bajo el palo de la escoba
Bien cantas, pero mal entonas.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
Cuando bebas, no manejes; se te puede dar vuelta el vaso.
Ajo y vino puro, y luego verás quien es cada uno.
Si quieres ver a tu marido gordito, después de la sopa dale un traguito.
Ni higos sin vino, ni pucheros sin tocino.
Antes se llena el cuajo que el ojo.
Dar y tejer es buen saber.
Tripa vacía, suena pronto.
Que chulo tu chucho colocho
La ignorancia es abuela del saber.
El pan es freno del vino.
Más doblado que carpa de camión.
El que anda con cojo, aprende a cojear.
La mujer y la gallina, pequeñina.
El que tiene más galío, traga más pinol.
Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen.
Entre santo y santa, cama doble y buena manta.
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
El que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea.
Más cagado que palo de gallinero.
Favorecer a un bellaco, es echar agua a un saco.
Desde el desayuno se sabe el hambre que se va aguantar.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
Pan candeal y vino tintillo ponen al hombre gordillo.
Oveja que anda, bocado halla.
Haceos miel y comeos han las moscas.
La mujer que de día calla por la noche manda.
A buena barbechera, mejor sementera.
Zumbido de mosquito, es nada, grande grito.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
Abranla piojos, que ai les va el peine.
El corazón no habla, pero adivina.
Quien bebe recio, apura media azumbre en el almuerzo; y si un poco se descuida, otra media en la comida.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
Al terco, dale dos higas pero no lo contradigas.