El que está en el lodo querría meter a otro.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.
El que es culpable puede reincidir.
Maldición de puta vieja no va al cielo.
Bueno es caer para más valer.
Dar a guardar las ovejas al lobo.
Leche y vino, veneno fino.
El mejor maestro de espada muere a manos del que no sabe nada.
Por fiarse del perro, duerme el lobo en el pajar.
El tiempo es padre de la verdad y a relucir la sacará.
De juez de poca conciencia, no esperes justa sentencia.
Le dieron gato por liebre.
Ni de saúco buen vencejo, ni de cuñado buen consejo.
Amor viejo, ni te olvido ni te dejo.
Tiene la cola pateada.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
A quien está en su tienda, no le achacan que se halló en la contienda.
Gallina que cacarea, pierde el huevo.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Donde la malicia sobra, falta el entendimiento.
Al cabo de un año, las mañas de su amo.
El que mucho fía, se queda con la bolsa vacía.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
Con un bocado de trigo y otro del prado, saca mi maridito gordo el ganado.
Cuando el niño dienta, la muerte tienta.
Ausente y muerto, viene a ser lo mesmo.
Sin sal, todo sabe mal.
El corazón tiene sus razones, que la razón desconoce.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Los que saben más tretas, pierden más pesetas.
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
No hay fiera más fiera que el que ingrato sea.
A gran solicitud, gran ingratitud.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
No falta un burro en un mal paso.
Está más entristecido, que mico recién cogido.
Como al caballo le prueba el camino, a los hombres les prueba su sino.
Quien en tierra lejana tiene hijo, muerto le tiene y espérale vivo.
El que bruto entra, bruto se ausenta.
La verdad es como la rosa, siempre tiene espinas.
Mujeres y vino hacen que los hombres pierdan el tino.
Jugar al abejón con alguien.
El amor no respeta a nadie
La dama más impoluta, si se descuida se vuelve puta.
División y destrucción, hermanas gemelas son.
La noche es capa de pecadores.
Para otro perro ese hueso, tan descarnado y tan tieso.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Como no soy río, atrás me vuelvo.
Dar en el clavo.