Inútil es reprender a quien caso de no ha de hacer.
El heroísmo está en la paciencia de un momento.
La hija paridera, y la madre, cobertera.
El que tiene un vicio, si no se mea en la puerta se mea en el quicio.
Donde una cabeza grana, otra es vana.
Donde fuerzas no bastan, baste la maña.
De los escarmentados nacen los avisados.
Con firme voluntad se llega al triunfo.
Las palabras de oro van a menudo seguidas de actos de plomo.
No le pegues a la yegua antes de empezar la carrera.
Mal habiendo y bien esperando, morirme he triste y no sé cuando.
Dar un cuarto al pregonero.
Nace en la huerta lo que no siembra el hortelano.
O Corte o cortijo.
Los necios y los salmones siempre nadan contra la corriente.
A año tuerto, labrar un huerto.
No vendas el sol para comprar una bombilla.
Bolsa llena, quita las penas.
No da quien tiene, sino quien quiere.
Por Santa Catalina mata la cochina, por San Andrés, mata tu res; y si no tienes qué matar, mata a tu mujer.
Mira la peseta y tira el duro.
Ojo de garza, que gallina no ve de noche
Más vale bulto de muchos que esfuerzo de pocos.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Arregostóse la vieja a los berros; no dejó verdes ni secos.
No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos. Proverbios 3:7-8
Nochecitas alegres; mañanitas tristes.
El hombre rico tiene aduladores, no amigos.
La misa, dígala el cura.
Estima y ocasión, son buenas para el corazón.
Casa oscura, candela cuesta.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
Quién defiende su tiempo, defiende su dinero.
No sea una mujer tan bella como para matar ni tan fea como para asustar
Matar pulgas a balazos.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
Dios da pan a quien no tiene dientes.
Atiende más a la mirada del sabio que al discurso del necio.
Predicar en desierto es como aconsejar a un muerto.
Hablen cartas y callen barbas.
Todos los pájaros comen trigo, y la culpa es del gorrión.
Quien recurre a poco saber obtiene un mal parecer
Dos capitanes hunden el barco.
Te quiero Andrés, por el interés.
Vela que arde por las dos puntas, poco dura.
No está Dios en higueras que oiga a putas y a viejas.
Ni el rey ni el papa de la muerte escapa.
Animales ingratos: las mujeres y los gatos.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
Cada día trae su propio afán.