Donde no hay pan, se va hasta el can.
Al comer de las morcillas, ríen la madre y las hijas y al pagar, todos a llorar.
No a todos les queda el puro nomás a los trompudos.
Casamiento y mortaja del cielo bajan.
Ya se murió el emprestar, que le mató el malpagar.
El juego de la correhuela, cátale dentro y cátale fuera.
Cuando uno está de malas, hasta los perros le ladran.
Quien guarda halla, y quien cría mata.
Gallina ponedora y mujer silenciosa, valen cualquier cosa.
En queriéndome Dios aunque no me quieran los santos.
Perro viejo no caga en el trillo.
Amigos y mulas fallecen en las duras.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
El que es pendejo ni de dios goza.
Sombrerito nuevo tres días en estaca.
En viernes ni en martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu viña podes, ni tu ropa tajes.
Tras buen soplo, buen sorbo.
Al alcornoque no hay palo que le toque, sino la encina, que le quiebra la costilla.
No prediques en desierto, ni machuques hierro yerto.
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
Eso es regar fuera del tiesto.
Vivirás dulce vida si refrenas tu ira.
Zanja tu cuestión por albedrío de buen varón.
Fiate de Dios y no corras.
Muerte que me has deseñado, salud me has asegurado.
Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre.
Por el interés, hasta lo feo hermoso es.
Abril Abrilete, cuando la viña mete.
Madrastra, madre áspera.
Al hombre listo y tunante, no hay quien le eche el pie delante.
Guárdate del agua mansa; que de la recia, ella misma te aparta.
Coge la ocasión al vuelo antes de que te enseñe el rabo.
Dios no ayuda a los holgazanes.
La oprtunidad la pintan calva.
Aprendiz que aprende mal, nunca será buen oficial.
El bien y el mal andan revueltos en un costal.
La que de comer con su marido rehusa, no está en ayunas.
Del agua mansa te guarda; que la brava hace su ruido y pasa.
Más vale loco que necio.
A quien te quiere bien, en la cara se le ve.
El que tiene su cohombro, que se lo eche al hombro.
Ojo al parche.
Dios da bragas a quien no tiene culo.
Algún día cogerá la zorra cabrito.
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. Proverbios 3:11-12
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
Mallorquina, puta fina
Mozo sermonero o no tiene novia o no tiene dinero.
Ni hables como doliente, ni vivas entre vil gente.
Gato escaldo del agua fría huye.