De juez de poca conciencia, no esperes justa sentencia.
El que rompe, paga.
Estoy como la tamalera, que me va más, que me va mal; pero como del tamal.
No vayas de romería, que te pese al otro día.
Al que va a la bodega, por vez se le cuenta, beba o no beba.
Para Santa Teresa, rosa en la mesa.
¿saldrá humo de una chimenea apagada?.
De buena vid planta la viña, y de buena madre, la hija.
Zorra que duerme, en lo flaca se le parece.
Amigo viejo y casa nueva
Amor con casada, no pase de una semana. Si no, la cosa ser complicada.
Las deudas son las mayores enemigas de la prosperidad.
El que con muchos se casa, a todos enfada.
Boñiga de vaca en quemadura, pronto la cura.
La muchacha que es bonita, afeites no necesita.
No es más sabio el que más sabe, sino el que lo oportuno sabe.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Nunca le hagas a nadie, lo que no te gusta que te hagan a ti.
Cuando tu ibas ayer, yo venía ya de moler.
La trasquilá, buena o mala, a los cuatro días iguala.
¡Quien sabe cuántos enemigos tienes en torno a la mesa!.
Cuando hay frutas en la huerta, hay amigos en la puerta.
Tres cosas echan de su casa al hombre: el humo, la gotera y la mujer vocinglera.
O llueve o apedrea, o nuestra moza se mea.
Hasta la Ascensión, no te quites el ropón; y después, quita y pon.
Esta es la gota que derramo el vaso.
Riqueza vieja es la nobleza.
El más vistoso color, nunca anuncia lo mejor.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
Casa sin madre, río sin cauce.
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
No cambies de caballo, cuando estés cruzando un río.
Y vuelta la burra al trigo.
Bodega de buen olor, no ha menester pregón.
El corazón humano se asemeja al barco que navega sin vela. Rara vez, frente a los vientos, encuentra su camino
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Hasta el "vivo" más ufano, cae a veces de marrano.
La mujer hermosa, o loca o presuntuosa.
Mal ajeno, para el nuestro no es consuelo.
Quien lengua ha, a Roma va.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
No expongas a tu amigo a las iras de tu enemigo
Nadie entre en el bien sino mirando cómo ha de salir de él.
Cinco puercos son manada.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
El mejor maestro se sienta en tu silla.
Hoy por ti, mañana por mí
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
Igual me da estar arriba que abajo, si soy el que trabajo.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.