Amigo que no da, poco me importa ya.
Potros que de feria en feria van, cada día menos valdrán.
En Abril sale la espiga del cascabil.
Acá como allá, y allá como acá.
De celosa a puta, dos pulgadas justas.
Antes el trabajo era una maldición, hoy una obsesión.
Los vicios no necesitan maestro.
Campo florido, campo perdido.
Más vale media mierda que mierda entera.
Lo que deprisa se hace, despacio se llora.
Adonde el corazón camina, el pie se inclina.
Se toca con los ojos y se mira con las manos.
Está permitido, en tiempo de peligro, andar con el diablo hasta haber atravesaado el puente.
La mujer y el Diablo siempre tienen que hacer algo.
Juventud con hambre quisiera yo, y vejez con hartura no.
Hasta la reina, necesita de su vecina.
Jabón y buenas manos sacan limpios paños.
De una espina, nace una rosa.
No te acompañes ni de amigo lisonjero ni de fraile callejero.
Aquella es bien casada, que no tiene suegra ni cuñada.
Cada uno tiene sus gustos; por eso hay ferias.
Comer con fuerza, mascar con ganas y lo que no se hiciere hoy se hará mañana.
No es virtuoso quien no se alegra con la virtud.
A cuentas viejas, barajas nuevas.
Alcalde que por momentos se dispara, háganle arrimar la vara.
Quien salud no tiene, de todo bien carece.
Quien te ha visto y quien te ve.
Casa con azotea, ladrón la asalta.
Ni vive, ni deja vivir.
Si con el pensamiento se caminara, ¡cuantas horas el día contigo estara!
Una palabra deja caer una casa.
La naturaleza tiene que obedecer a la necesidad.
Hasta una hormiga que pierde, duerme.
La bonanza amenaza borrasca
Borrón y cuenta nueva.
Junta lo bueno con lo malo, y malo se volverá todo ello.
El orgullo suele ponerse la capa de la humildad.
A espalda vuelta, no hay respuesta.
Puta y buena mujer, no puede ser.
A mal pisto, buena sangre de Cristo.
Al fraile mesurado, mírale de lejos y háblale de lado.
Pescador de anzuelo, a su casa vuelve con duelo.
Hombre viejo no necesita consejo.
Ayudar al pobre es caridad; ayudar al rico, adular.
Ya vienen los dos hermanos, Moquita y Soplamanos.
Moza reidora, o puta o habladora.
Una pizca de discreción vale más que un manojo de conocimiento.
No hay majadero que no muera en su oficio.
Está creyendo la beata, que quien reza y peca empata.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.