Ruego y derecho hacen el hecho.
La vida no estaría cara, si la gente trabajara.
Vida que es una mierda poco importa que se pierda.
La belleza passa, la sabiduría permanece.
Amor de monja y pedo de fraile, todo es aire.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.
En el molino hacen falta dos piedras, en la amistad dos corazones
Cuando no hay blanditas, le entramos a las duras.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
Maña y saber, para todo es menester.
¡Mujer sin seso, ahí queda eso!.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
Solo triunfa en la lucha por la vida aquél que tiene la paciencia en sus buenos propósitos e intenciones.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
Honra la cabeza cana, y honrado serás mañana.
Poco y en paz, mucho se me haz.
Es propio de los pensamientos profundos el parecer simples, tanto que uno cree haberlos pensado él mismo
Abrir al hombre y dar lugar por donde le entren al melonar, sería necedad.
Es mejor callar y parecer idiota, que hablar y no dejar la menor duda.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
Hágase la diligencia y obra Dios como quiera.
Dí lo que quieres, que yo no estoy en casa.
Si Dios no te ha dado gloria, confórmate con la fama.
Unos tener tanto y otros tan poco, propio es de este mundo loco.
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
Amigo de mesa y mantel, no fíes de él.
Menos pregunta Dios y más perdona.
Más vale dar que recibir, si te lo puedes permitir.
Pasar por alto el gran saco de los defectos propios y censurar el saquito de los defectos de otro.
Huéspedes de repente, ni me lo mientes.
No falta de que reirse.
Lo que obtener no puedo, es lo que más deseo.
Una buena reputación es como un ciprés, que, una vez cortado, jamás da ya ramas.
Tripa vacía, corazón sin alegría.
Confesor que visitas hijas, desde aquí te marco por padre de familias.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
En casa del que jura, no faltará desventura.
Abril siempre vil; al principio, al medio y al fin.
El espíritu intenta seguir el mismo camino que el corazón, pero no llegará nunca tan lejos
Entre los extremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía.
Las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.
Como la recién casada: con ganas de todo y ganas de nada.
A "idos de mi casa" y "qué queréis con mi mujer" no hay que responder.
Trabajo de común, trabajo de ningún.
Escucha lo que ellos dicen de otros, y sabrás lo que ellos dicen de ti.
No des consejo a quien no te lo pide.