Sospechar y temer, enemigos del placer.
Dios da barbas, al que no tiene quijada.
El día de San Bernabé dijo el sol: aquí estaré.
Buena carrera del buen caballo se espera.
Para presumir hay que sufrir.
Cada palito tiene su humito.
En caso de duda, que no sean ellas las viudas.
De cielos abajo, cada uno come de su trabajo.
A buen puerto vas por agua.
Pobre no es aquel que tiene poco, sino aquel que teniéndolo todo, quiere aún más.
La viuda con otro amor, muy pronto se consuela.
Es bien hermosa la que es virtuosa.
Vida sin amor, años sin verano
En un recinto sagrado, ora; en una pista de baile, baila.
Si falta la comida, torcida va la vida.
Del sabio, poeta y loco, todos tenemos un poco.
Culo sentado, hace mal mandando.
El pelo se pierde, la calvicie nunca.
Parto malo, e hija en cabo.
O con el mundo o con Dios; pero no a la par los dos.
Quien bebe en ayunas, mejor bebería con aceitunas.
Lo que va viene.
Una sola vez no es costumbre.
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
Resbalon y tropezon, avisos de caída son.
El que es sabio atesora el conocimiento, pero la boca del necio es un peligro inminente.
La mujer consigue plata con solo alzarse la bata.
Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
El corazón triste, riendo muere y llorando vive.
Ni calentura con frío, ni marido en casa continuo.
Con el buen sol, saca los cuernos el caracol.
Romperse el brial, más vale bien que mal.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
La belleza siempre tiene razón
Nuestro gozo en un pozo.
Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
No hay mejor salsa que el hambre.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
Si quieres ver tu cuerpo, mata un cerdo.
Lo que hace Dios es lo mejor.
Dar es corazón, pedir es dolor
Barba espesa, honra, barba rala, deshonra.
Antes de criticar, mírate la cola.
Quien mira hacia atrás no va hacia la felicidad
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
La mujer hermosa, o loca o presuntuosa.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
La caridad empieza por casa.