Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Jamás desesperes, aún estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecunda.
Nota: (Proviene de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico)
La fantasía es necesariamente inútil
A llorar al cuartito.
Ley puesta, trampa hecha.
Busca una luz en lugar de estar maldiciendo eternamente la oscuridad.
Según sea el paño, hazte el sayo.
El tiempo es un gran maestro y pone en su lugar muchas cosas
El burro sabe a quien tumba y el diablo a quien se lleva.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
Hombre hablador, poco cumplidor.
El que jura miente.
De juez de poca conciencia, no esperes justa sentencia.
Busca la mujer pastora; que ella se hará señora.
Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.
Cerca del rey, cerca del cadalso.
El que porfía mata venado.
Negocios de puercos, puerco negocio.
Si pierdes el caballo puedes recuperarlo;pero si pierdes la palabra, es para siempre.
Un buen día vale por un mal mes
A quien dios no le dio hijos el diablo le dio sobrinos
Los celos son malos consejeros.
Cortesía de palabra, o conquista o empalaga.
Dinero guardado, barco amarrado.
Entre bueyes no hay cornadas.
Envidia, ni tenerla ni temerla.
A la mujer y a la mula, vara dura.
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
No se tiene el alma de una amigo sin dar el alma
Es mejor un feo hago que un hermoso haré
Dichosos los ojos que te ven.
Decían de Isabel la Católica: "¡Brava hembra, bragas ha que non faldetas!".
No hay mayor dificultad que la poca voluntad.
Los refranes de los viejitos son evangelios chiquitos
Quien escucha, su mal oye.
A boda y bautizo, no vayas sin ser llamado.
Don sin Din, gilipollas en latín.
Con el favor no te conocerás, sin él no te conocerán.
Los pies van donde va el corazón
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
No jales que descobijas.
A cada cual dé Dios el frío como ande vestido.
El hablar bien, poco cuesta.
Abrojos, abren ojos.
Vale más medir y "remedir", que cortar y arrepentir.
Quien habla en voz alta, piensa poco.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
El que a hierro mata , a hierro muere.
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.