El que es buen pagador es señor de la bolsa de otro.
En la tierra de los ciegos, se disputaban la corona un bizco y un tuerto.
A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.
La esperanza es lo último que se pierde.
El que compra y miente, en su bolsa lo siente.
Quien no arde en llamas no inflama
Casa labrada y viña heredada.
El amor y la tos no pueden ocultarse.
Es ley la que quiere el rey.
Si digo que la yegua es parda, es porque tengo los pelos en las manos.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Mientras más aprendo menos sé.
Enójate pero no pegues.
Quien halla a tiempo la sisa, no se queda sin camisa.
Aceite, hierro y sal, mercaduría real.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
Igual con igual va bien cada cual.
Bendita la muerte, cuando viene después de bien vivir.
Buen trago, que el difunto no vuelve.
Donde no hay ganancia, cerca está la pérdida.
No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero tampoco sabes lo que te has estado perdiendo hasta que lo encuentras.
Hacer de toda hierba un fardo.
Acertó a mear el buey en la calabaza.
Para alcanzar, porfiar.
Con la misma vara que midas serás medido.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
No paramos de divertirnos porque estemos viejos. Estamos viejos porque paramos de divertirnos.
La felicidad nos busca como nosotros la buscamos a ella
Harto es bobo quien se mete en la boca del lobo.
Nadie debe vivir pobre por morir rico.
Ir de bien en mejor, no hay cosa mejor.
El que muere, se libra de lo que debe.
Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
Te cierran una puerta y te abren diez.
El dolor es antiguo
Domingo sucio, semana puerca.
Harto da quien da lo que tiene.
Para quien no sabe a dónde quiere ir, todos los caminos sirven.
Por ruin que el huésped sea, el mejor lugar se le deja.
Qué sabe el burro del canto del ruiseñor.
Sin precio no se han las mujeres.
Cuando sea monja te regalaré un higo, dijo un amigo a otro amigo.
A la larga, todo se arregla.
No hay duelo sin consuelo.
Quien de los suyos se aleja, Dios le deja.
La naturaleza, el tiempo y la paciencia son los tres grandes médicos.
La reunión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre.
En boca cerrada no entran moscas.
La rata avisada, no muerde carnada.
El que de joven corre, de viejo trota.