Berzas y tocino, manjar de vizcaíno.
Si quieres saber quién eres, pregúntale a tu vecino.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Por muchos pueblos y países anduvimos y, es seguro, de todos alguna cosa aprendimos.
Nos vengamos de una vileza cometiendo otra
Amor de madre, que todo lo demás es aire.
El dinero del pobre, dos veces se gasta. El duro del casado vale dos cincuenta.
Por Santa Catalina, la nieve se avecina.
A palabras necias, bofetones.
Buena es la nieve que en su tiempo viene.
Quien mira hacia atrás no va hacia la felicidad
Por la caridad entró la peste. (Miguel Angel Fuentes)
Zurra y más zurra, hasta que la vara se quiebre o caiga la burra¡.
La curiosidad mató al gato.
A chica boca, chica sopa.
O todos hijos de Dios o todos hijos del diablo.
Cuando la Candelaria plora, el invierno fora. Y si no plora, ni dentro ni fora.
De señora a señora, empanadas y no ollas.
Un asno no aprecia compota de frutas.
Casóse con gata por amor a la plata, gastóse la plata, quedóse la gata.
No hable de cuerdas en casa de un hombre colgado.
La mujer buena, inapreciable prenda.
El viejo tiene la muerte ante sus ojos, el joven a su espalda.
El que tiene narices, no manda a oler.
No se le da un golpe en la cabeza a quien tiene tu dedo dentro de su boca.
En diciembre, hielos y nieves, si quieres buen año al que viene.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
Ama al grado que quieras ser amado.
Si miras mucho atrás, a ninguna parte llegarás.
La suerte del gavilán, no es la misma del garrapatero.
Las canciones de los viejos al final se convierten en lagrimas.
Tal piesa ir a Oñez y da en Gamboa.
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Un mes antes y otro después de Navidad, es invierno de verdad.
Reyes y mujeres no agradecen.
Sin harina no se camina.
El abad canta donde yanta.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
Aquel pregona vino y vende vinagre.
Si Septiembre no tiene fruta, Agosto tuvo la culpa.
A chico pié, gran zapato.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
En casa pobre, pocos cuentos.
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
De tal palo tal astilla.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
Torreznos sin vino, como olla sin tocino.
La vista de un amigo, refresca como el rocío de la mañana.