De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
Achaque el viernes por comer carne.
Para gozar de la vida, no hay que pedirle todo: Solo hay que pedir vida para gozar todo.
Comiendo pan y morcilla, nadie tiene pesadilla.
Rabo por rabo, más vale ir al propio que al extraño.
Raído y roto, cerca está lo uno de lo otro.
El hombre es para el hombre un espejo.
El arroz ya está cocido.
Llámome carrasco y donde me pica me arrasco.
Quien se va, vivo y muerto está.
Merecer y no alcanzar, es para desesperar.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
Breve habla el que es prudente.
La muerte, al pobre no se atreve.
Cuando habla uno solo, todos escuchan, pero si hablan todos a la vez ¿quién escucha? Proverbio abisinio.
Cuando no hay pan ni harina, todo ase vuelven mojinas.
El corazón manda en los ojos, y les hace trampantojos.
La mujer y la burra, iguales de testarudas.
El hombre tiene un origen y un destino... A menos que lo recuerde, perderá ambos.
Este es carne de cañón.
Café cocido, café perdido.
Como es el padre, así es el hijo.
Las cerezas con rabo, y si no en el árbol.
A padre ahorrador, hijo gastador.
Barba a barba, vergüenza se cata.
La sardina y la golondrina, al calor de la ceniza.
De abundancia del corazón, habla la lengua.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
Ni amigo reconciliado ni cordero dos veces asado.
Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.
La vaca grande, y el caballo que ande.
Entre lo dulce y lo amargo, no existe trecho muy largo.
Quien está presente sigue viviendo; quien se ausenta lo tienen por muerto.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
De golpe y porrazo, se enriquece el ladronazo.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
Por su facha y alharaca, el nuevo rico se saca.
Palabras de cortesía suenan bien y no obligan.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
Los pájaros más bellos están enjaulados
Lo bueno dura poco.
Caballo que ha de ir a la guerra, ni le come el lobo, ni le aborta la yegua.
El que de muchacho no trota, de viejo tiene que galopar.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
A caballo ajeno, espuelas propias.
El que con muchachos se acuesta, amanece hecho fiesta.
Yerra, y no poco, el que discute con un loco.
Quien a buen árbol se arrima, va un perro y se le mea encima.