Ni miento ni me arrepiento.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
La pereza y el fracaso, andan cogido del brazo.
Busca arrepentimiento, el que busca casamiento.
Buenas y mejores, por falta de seguidores.
Procura siempre vivir como quien ha de morir.
Indio con puro, ladrón seguro.
Mucho ayuda el que no estorba.
Con quien tengas trato no tengas contrato.
Quién mucho come, mucho bebe; y quién mucho bebe, mucho duerme, poco lee, poco sabe y poco vale.
Cuando la rana críe pelo, serán los cojos buenos.
Río que ensancha sus orillas no es todo agua limpia.
Reloj y campana, muerto mañana.
No se muere dos veces si no se escapa de la muerte una vez.
Tempran es la castaña que por Mayo Regan.
El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Como se vive, se muere.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.
Dad limosna a este pordiosero, que le sobró vida y le faltó dinero.
Haz cien favores, deja de hacer uno y como si no hubieras hecho ninguno.
Bien de escudos y blasones, pero mal de pantalones.
A la feria se va por todo; pero por narices no.
Quien en una piedra dos veces tropieza, justo es que se rompa la cabeza.
A lo que puedas solo no esperes a otro.
Uno no vale lo que pide sino lo que le pagan.
Que me siembres en Marzo, que me siembres en Abril, hasta Mayo no he de salir.
Trabajo hecho en domingo, el diablo se lo lleva.
Zurdos y calvos y rubios no habían de estar en el mundo.
Nadie envejece a la mesa.
Buenas judías la Mancha las cría.
Por el hilo sacaras el ovillo y por lo pasado lo no venido.
Bueno es dar, y sin embargo, no conviene ser muy largo.
La astuta raposa borra las pisadas con la cola.
Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Con vehículos y gentes, debemos ser muy prudentes.
Hasta meter, prometer; y después de metido, se acabó lo prometido.
Amor, tos y fuego, descúbrense luego.
A la mujer y al caballo no hay que prestarlos.
Cuando se monta un elefante, no molesta el rocío.
Ni aún al Diablo ha de temer quien no teme a una mujer.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
Sube la escalera como viejo, y llegarás como joven.
No resulta dulce el melón recogido cuando está verde.
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
Cuando se emborracha un pobre, ¡que borrachón!; pero si se emborracha un rico, ¡qué graciosón!.
Repicar y andar en la procesión implica contradicción.