Peso y medida, alma perdida.
Donde uno piensa, otro sueña.
A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el agua.
Acójome a Dios que vale más que vos.
Chocolate que no tiñe, claro está
Las flores bonitas no dan buenos frutos.
La novedad de hoy es lo antiguo de mañana.
Aunque me visto de lana, no soy oveja.
El que su nariz acorta, su cara afea.
Caracoles de Abril para mí, los de Mayo para mi hermano y los de Junio para ninguno.
Cada pez en su agua.
Profesor que usa estaca, malos alumnos saca.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
Las palabras son femeninas, y los hechos son machos.
Cuando de visita te pierdo, si te vi ya no me acuerdo.
Debajo de una manta, ni la fea te espanta.
A los ojos del novio su novia siempre es la más bella.
Más vale un hombre apercibido que dos descuidados y no prevenidos.
Abril, lluvias mil. Y si nos sale cabrón, lluvias a mogollón.
Una en el papo y otra en el saco.
Un real de deuda, otro acarrea.
No me gusta el chisme pero me entretiene.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
Donde no hay, los ladrones no roban.
Regostóse el asno a las berzas, no dejó verdes ni secas.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
Tontos y locos, nunca fueron pocos.
Muchos a dispoñer, ningún a cumprir.
La barba no hace al filósofo
La boca que no habla se escucha con dulzura.
El buey solo bien se lame.
El que es buen gallo en cualquier gallinero canta.
Enero y Febrero hinchan el granero, con su hielo y su aguacero.
Cada cual sabe de la pata que cojea.
El hombre bien comido y bien bebido, quiere reposo y no ruido.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
Decir, dice cualquiera; hacer solo el que lo sepa, quiera y pueda.
Ya no hay fiadores: matáronlos los malos pagadores.
Mala hasta vieja la zangarilleja.
No le falte tabaco ni vino a quien hace camino.
Feliz es aquel que aprieta sobre su pecho por una noche o por un año, a una amiga con la faz de luna
Idos los ladrones se toman mil precauciones.
Mantente cerca del Gran Espíritu.
No confíes del peón que tiene las manos finas.
Nadie diga: de esta agua no beberé, por turbia que esté.
A veces los buenos nadadores se ahogan, y los mejores jinetes caen del caballo.
Agua al higo, que ha llovido.
La glotonería acaba con muchos.
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
Las piedras no hablan.