Un antiguo amor nos atormenta como la caries de un diente
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
A ira de Dios, no hay casa fuerte.
Los patos marinos anuncian nieve.
Casa cerrada, casa arruinada.
Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad.
Estar como cucaracha en baile de gallinas.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
Tal vez mis hijos vivirán en casas de piedra y ciudades amuralladas - Yo no
Mucha flor en primavera, buen Otoño nos espera.
Por el becerro se amansa la vaca
Casa al hijo cuando quisieres y la hija cuando pudieres.
Dos perros difícilmente se ponen de acuerdo sobre el mismo hueso
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
Bloque de pisos grandes, guerra de vecindaje.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
Ni tan vieja que amule, ni tan moza que retoce.
Hablando la gente se entiende.
Suegras, nueras y cuñadas, son asas de caldera mal arregladas.
Grano a grano la gallina llena el buche.
Por Santa Catalina mata la cochina, por San Andrés, mata tu res; y si no tienes qué matar, mata a tu mujer.
Pensando en pajarito preña'o
Cuando fueres por el camino no digas mal de tu enemigo.
Abad de Somosierra, hartos de nabos y berzas.
Hombre refranero, maricón o pilonero.
Amor y muerte, nada más fuerte.
Los refranes y los dichos viejos son solo para pendejos.
Las vírgenes pasan muchas Navidades, pero ninguna noche buena.
Una manzana no cae lejos de su árbol.
Amantes y ladrones, gustan de la sombra y los rincones.
La felicidad, como el arco iris, no se ve nunca sobre la casa propia, sino solo sobre la ajena.
El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.
Cuando vivas entre zorros, zorrea tu un poco.
Burlas de manos, burlas de villanos.
Nos vengamos de una vileza cometiendo otra
Acuérdate, suegra, que fuiste nuera.
Ni guinda chupada, ni moza besada.
Amistades que del vino se hacen, al dormir la mona se deshacen.
Bendita la casa que a viejos sabe.
Riñas de enamorados, amores doblados.
Por San Martino, mata el pobre su cochino.
Con un refrán puede gobernarse una ciudad.
A quien no ama a sus parientes, deberían romperle los dientes.
Sabe más el tonto en su casa que el listo en la ajena.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
El alcalde de mi pueblo, ¡qué burro tiene que ser!, para mandar en nosotros, que semos más burros que él.
Canten calandrias o les apachurro el nido.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.