Por Santa Marina ve a ver tu viña, cual la hallares, tal la vendimia.
Jacinto, no te lo consiento, que mezcles blanco con tinto.
Nunca amarga el manjar por mucho azúcar echar.
Siempre es mejor el vino.
La mujer casada, con la pierna quebrada y en casa.
Debajo de la manta, tanto vale la negra como la blanca.
Los infiernos están llenos, de votos y deseos buenos.
Al que le sobre el tiempo que se ponga a trabajar.
Con dinero baila el perro.
Nadie es profeta en su propia tierra.
Libro cerrado no saca letrado.
El día que arda la enramada, se verá la llamarada.
Lo fino y bonito, es siempre chiquito.
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
A quien teme a Dios de los cielos, nada le asusta debajo de ellos.
El buen vino, se bebe en cristal o en vidrio.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Eso pasa en las mejores familias.
El que no tiene una cruz, se la están haciendo.
Cuando Dios borra, escribir quiere.
No me hables de flores, que soy jardinero.
Gato gordo, honra su casa.
La lengua larga es señal de mano corta.
El hipo, en el niño para vivir, en el viejo para morir.
Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
El agua hace sudar; el vino, cantar.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Variante: En Febrero busca la sombra el perro; a finales, que no a primeros.
Carne puta no envejece.
Cual el derrotero, tal el paradero.
Huyendo del hoyo caí en el arroyo.
Hay gente tan lista que se pierde de vista.
Un aumento de caudal nunca viene mal.
Nunca llueve hasta que Dios no quiere.
El tiempo es un remedio que todo lo cura.
Corre la vaquilla mientras dura la soguilla.
No soy ninguna perita en dulce.
Canten calandrias o les apachurro el nido.
Cuerpo en la cama, sino duerme, descansa.
No me quieras dar gato por liebre.
Fantasía tras fantasía, y la barriga vacía.
En mi casa, yo me soy rey y yo me soy Papa.
El que vive de idealismos, muere de pesimismos.
Hoy que puedo lo haré; que mañana, no sé si podré.
Es ilusión fementida, un mundo a nuestra medida.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.
Que cada sacristán doble por su difunto.
Fruta juanto al camino, nunca llega a madurar.
Abril sin granizo, Dios no lo hizo.