Aguardiente arrancarejas, no la bebas.
Dar una higa al médico.
Esto parece el coño de la Bernarda.
Puta me ha de hacer esta burra que me lleva a los pastores; y guiábala ella.
Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
Amor loco, yo por vos, y vos por otro.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
No hay mujer por buena que sea, que cuando mea no se pea.
Bien guardar no es poco ganar.
Por la víspera se conocen las fiestas.
Ausencia enemiga del amor, cuan lejos de ojos, tan lejos de corazón.
En Octubre, toma los bueyes y cubre.
Lo mal vendido hace perder lo bien adquirido.
El muerto y el ausente, no son gente.
Al hombre y al caballo, no apurallo.
El buen libro de las penas es alivio.
Las palabras mueven, los ejemplos arrastran.
De casa que amanece a mediodía, guárdenos Dios y Santa María.
Madrid en verano, sin familia y con dinero, Baden-Baden.
El trabajo entero de un año depende de un buen comienzo en primavera.
De baños y de cenas están las sepulturas llenas.
A quien anda sin dinero, lo ponen de candelero.
Lento pero seguro.
Las cosas de palacio van despacio.
La madre y el delantal, tapan mucho mal.
La magnificencia prestada, es miseria.
Bendito sea el mal que a los nueve meses se ha de quitar.
El flojo trabaja doble.
Contra el amor es remedio poner mucha tierra en medio.
Los langostinos, en el mar estaban y ya pedían vino.
Erga Arga y Aragón, hacen al Ebro varón.
Al albéitar, no le duele la carne de la bestia.
A cada cerdo, le llega su sábado.
El amor da al necio osadía y entendimiento.
El agua fresca se bebe en jarro.
El que no puede tañer arpa, tañe flauta.
No somos ríos, para no volver atrás.
Pedir más es avaricia.
Hacer de tripas corazón.
No le llames trigo hasta que esté en el silo.
El empezar es el comienzo del acabar.
Las penas con pan son buenas.
Hasta el más capón se los hecha al hombro.
Cuando el gallo canta, la gente se levanta.
Caballo que alcanza, pasar querría.
Nadie da duros a cuatro pesetas.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Aunque me veas vestida de lana no soy borrego.
En las cosas del corazón, no manda uno, mandan dos.