A cántaro roto, otro al puesto.
Quien borracho se acuesta, con agua se desayuna.
Merecer y no alcanzar, es para desesperar.
Preguntando se llega a Roma.
Cuando comía todo, mi mujer lo escondía; y ahora que no puedo comer, todo me lo deja ver.
Al pesar por el bien ajeno, llaman envidia y es veneno.
El que se viste con lo ajeno, en la calle lo desnudan.
En Octubre no le toques a tu mujer la ubre.
Caballo que llene las piernas, gallo que llene las manos, y mujer que llene los brazos.
Caliente la comida y fría la bebida. Porque para ser sanas deben ser así.
Cuando malaya llegue; ya el caballo está cansado.
Al potro que le alabe otro.
Las mujeres sin maestro saben llorar, mentir y bailar.
El vino, comido mejor que bebido.
El caballo y la mujer, al ojo se han de tener.
Comer verdura, y echar mala verdura.
Antes de que te cases, mira bien lo que haces.
Más pobre estoy que puta en cuaresma.
Mandan al gato, y el gato manda a su rabo.
Caga más una vaca que cien palomos.
No busques de qué murió quien carne asada cenó.
Donde las dan las toman y callar es bueno.
Madre para parir y no para criar, no es madre de verdad.
Lo que a la vista está, no necesita anteojos.
Perro pendejo, no va a la gloria.
Quién no gusta del vino, tiene otros peores vicios.
Averiguelo, Vargas.
No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero tampoco sabes lo que te has estado perdiendo hasta que lo encuentras.
Caballo de buena medra, no se cansa ni se arredra.
En hacer bien nunca se pierde.
Caracoles y hombres de pocos arrestos, mueren donde nacieron.
A tu casa venga quien te eche de ella.
Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Los reyes tienen los brazos largos.
Querer es poder.
Este dicho lo dijo Valentín y ni cuenta me di.
Marido celoso, ni come ni duerme con reposo.
Para alcanzar, porfiar.
A cada cosa le llega su tiempo.
Que mañana hay misa para los sordos.
Oveja de todos, cómenla lobos.
El hombre cuando es celoso se acuesta pero no duerme.
La trasquilá, buena o mala, a los cuatro días iguala.
El que anda con cojo, aprende a cojear.
Dichas y quebrantos nos vienen de lo alto.
Amor y fortuna, no tienen defensa alguna.
Jugar y nunca perder, no puede ser.
A cada pez le llega su vez.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.