Agua de enero, cada gota vale un dinero.
Cada uno muere de su vicio.
Bromas pesadas solo al que las da le agradan.
Quien en ti se fía, no le engañes.
Después del gusto, que venga el susto.
No me quieras dar gato por liebre.
Alta y esbelta me haga Dios, que rubia y morena ya me haré yo.
Sin padrino no hay bautizo.
Con el ingrato, no tengas trato.
Al sonar el pedo, solo queda un rostro serio.
Si la casa se quema, calentémonos en ella.
Jugar bien sus cartas.
Bebe vino y come queso, y sabrás que es eso.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Adentro ratones, que todo lo blanco es harina.
De esta capa nadie se escapa.
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
La mujer siempre es más lista que el hombre que la conquista.
Ladrón de casa, todo lo arrasa.
No hay más araña que la que teje.
Nadie da sino lo que tiene.
No hay nada peor que un maricon resentido.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
El perezoso que acaba de comerse una banana, pregunta: ¿Puede plantarse la piel?
Cochino que tuerce la cola, no pone huevos.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
El infierno no sirve para quemar paja.
Tened paciencia y tendrá ciencia.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Reniego de la tierra donde el ladrón lleva al juez a la cadena.
¿Qué se ha de hacer, si la escobita no quiere barrer?.
El haragán es el hermano del mendigo.
Es como llevar leña para el monte.
Gran calma, señal de agua.
Cero grados, ni frio, ni calor.
Cada paso que da el zorro le acerca más a la peletería.
Callaos todos, y cogeremos la madre y los pollos.
El asunto de la jodienda no tiene enmienda.
La casa, la mujer la hace o deshace.
Cada arroyo tiene su fuente.
Más caga un buey que cien golondrinas.
Mejor es no comenzar, lo que no se puede acabar.
Dos tetas tienen más fuerza que una yunta de bueyes.
Aviniente y crudo, que así lo quiere el cornudo.
La caca, limpiarla en casa, y no sacarla a la plaza.
De cintura para arriba todos santos, y de cintura para abajo todos diablos.
Obras hacen linajes, no nombres ni trajes.
Lo prestado, ni agradecido ni pagado.
En tal mundo vivimos, que para lo que queda por ver, no es nada lo que vimos.
El universo no es más que una enorme ciudad, llena de seres, divinos y humanos que por naturaleza se aman unos a otros.