Dios en el cielo, en la tierra, el dinero.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
Las cosas se parecen a sus dueños.
Hay miles de miserias en un solo amor
Amor no mira linaje, ni fe, ni pleito, ni homenaje.
Tras buen soplo, buen sorbo.
Raras veces hay seso en la prosperidad.
No lleva ya vida honesta, la que con varios se acuesta.
El consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco.
Al principio y al fin, Abril suele ser vil.
Falso por natura, cabello negro, la barba rubia.
Tienes menos futuro que el Papa en una mezquita.
Busca pan para Mayo y leña para Abril y échate a dormir.
En San Antón dijo el gallo a la gallina pon.
Aquella es bien casada, que no tiene suegra ni cuñada.
Date a deseo y olerás a poleo.
¿Me guardas un secreto, amigo?; mejor me lo guardas si no te lo digo.
La pobreza no es un delito, pero es mejor no mostrarlo.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
Pan de centeno y agua de navazo ensancha las tripas y estrecha el espinazo.
Cuando de visita te pierdo, si te vi ya no me acuerdo.
El pobrecito no es loco, pero le falta muy poco.
No hay novia fea ni muerto rico.
Amigos y libros: pocos y buenos.
Borrón y cuenta nueva.
Árame bien, que yo te lo pagaré mucho y bien.
Al que tiene mujer hermosa, finca en frontera o viña en carretera, nunca le faltará guerra.
Mandadme pelear y no me mandéis aconsejar.
La felicidad es como el dulce de azúcar, cuando se quiere, se hace.
Agua que haya de beber, no la enturbiaré.
Nadie se acuesta sin aprender cosa nueva.
Al buen amanecer no te lo dejes perder.
Cuando menos lo piensa el guapo, le sale la jaca jaco.
Tripa vacía, suena pronto.
Arroz pasado, arroz tirado.
Dice San Ginés que el que tiene cara de bruto lo es.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
Acaso nuevo, consejero nuevo.
Quien amaga y no da, miedo ha.
El que da lo que tiene en vida, que coja la bolsa y pida.
Falsos diamantes no engañan a nadie sino en pueblos grandes.
Mejor que juntar las manos para rezar, es abrirlas para dar.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Cada cual quiere las cosas a la medida de sus narices.
La culpa no la tiene el chancho, sino quién le da el afrecho.
Perdonar no es olvidar, y en el perdón sin olvido sobran palabras y falta corazón.
Aprendo mientras vivo.
No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.
Más vale bueno que mucho.
El hombre que desea estar tranquilo ha de ser sordo, mudo y ciego.