Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Amor y muerte, nada más fuerte.
A chica boca, chica sopa.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
La verguenza, cuando sale ya no entra.
Ni al caballo corredor, ni al hombre rifador dura mucho el honor.
Ser feliz como pez en el agua
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
La virtud desaparece apenas se desea que aparezca
Lo cortes, no quita lo valiente.
A la vejez, viruelas.
Por los reyes, el hielo y la nieve crecen.
Nos vengamos de una vileza cometiendo otra
Lo vergonzoso no es no saber, sino no aprender.
Cree el ladrón que todos son de su condición.
Abranla piojos, que ai les va el peine.
Al rebuznar se verá quien no es león
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
El que se alegra del mal del vecino, el suyo le viene de camino.
Buena vida si refrenas tu ira.
La ingratitud embota la virtud.
La mujer rogada y la olla reposada.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
Cuanto uno es más honrado, tanto es mayor su pecado.
Fraile que pide por Dios, pide para dos.
Al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.
En julio, ¿dónde anda el mozo? Pues va de la acequia al pozo.
Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo.
No hay que reírse de la felicidad
Favor con favor se paga
Si el camello pudiera verse la joroba, se caería al suelo de vergüenza
Amores de una señora, se olvidan con otro amor.
Para presumir hay que sufrir.
Los errores son grandes cuando el afecto es pequeño
Perdiendo aprendí; más vale lo que aprendí que lo que perdí.
Vale más un fiero león delante de uno que un perro traidor detrás.
El mal entra a brazadas y sale a pulgaradas.
El mono sabe el palo al que trepa.
Al borrico viejo la mayor carga y el peor aparejo.
A caballo regalao no se le mira el cormillo.
Ya has contado las hazañas de tus abuelos; cuenta ahora las tuyas, y nos reiremos.
Arriba, siempre arriba, hasta las estrellas
El adulador corrompe a su patrón rascándole la espalda
Cada día tiene su refrán y su afán.
El padre desvergonzado, hace al hijo mal hablado.
Las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.
A las personas recién se las valora cuando se las pierde.
Por el amor del caballero, besa la dama al caballero.
La suerte es de los audaces.