Juego de bolos no lo entienden todos.
De tal árbol tal madera.
Zorra vieja no cae en la trampa.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.
En Marzo, la veleta, ni dos horas está quieta.
Amor no quita conocimiento.
De cuero ajeno, correas largas.
Nunca acaba el que nunca empieza.
Es peor un tropezón de la lengua que de los pies.
Al arquitecto la piedra, y la casa al empedrador.
Palabras señaladas no quieren testigos.
Dios le da maíz a quien no tiene gallinas.
No busques en la plaza lo que tienes en tu casa.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
Tetas de mujer, tienen mucho poder.
Si a los treinta no te has casado ni a los cuarenta eres rico, arre borrico.
Mal ajeno, del pelo cuelga.
El uso hace al maestro.
Por el color se vende el paño.
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
De las ciencias y las artes, solo es enemigo el ignorante.
Al dedo malo, todo se le pega.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
A veces un veneno, para sacar otro es bueno.
Agua vertida, mujer parida.
Mal hace quien no hace bien, aunque no haga mal.
La hebra de Marimoco, cosió siete camisas y le sobró un poco.
Rodar hacia abajo, no cuesta trabajo; rodar para arriba, eso sí que cuesta fatiga.
Saca, pero pon, y siempre habrá en el bolsón.
Si no sobra es que falta.
El hombre descalzo no debe andar entre espinos.
A quien le dan pan que no coma.
No es gallina buena la que come en casa y pone fuera.
A los que Dios ayunta, el diablo no los separa.
Jalan más dos tetas que tres carretas.
Necesidad disimulada es necesidad doblada.
La compañía en la miseria hace a ésta más
Habla poco, anda grave y parecerá que sabes.
El amor, unas veces soñador y otras volador.
Fruto de corral ajeno, es más barato y más bueno.
De sol de tarde, Dios te guarde.
De Octubre a primeros, repón los aperos.
Hasta la salud necesita descanso.
El que manda, manda.
Dí lo que quieres, que yo no estoy en casa.
El que paga intereses es el burro que jala la carreta de quien le presto.
Nadie está obligado a lo imposible.
Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
La esperanza es el pan de los pobres.
A mi, mis timbres.