Que uno fume y otro escupa, no es cosa justa.
No hay mejor beleño que el buen sueño.
Cague la espina quien se comió la sardina.
Chica es del diablo la capa, y cuando tapa por un lado, por el otro destapa.
No hay mujer que no lo de, sino hombre que no lo sepa pedir.
No le falte tabaco ni vino a quien hace camino.
Con la misma vara que midas serás medido.
Castillo apercibido no es sorprendido.
Donde no hubo dolor, no hay caridad ni amor.
Tienes más cara que un saco perras.
Pregunta lo que no sepas y pasarás por tonto unos minutos; no lo preguntes, y serás tonto la vida entera.
De casa alacrán, sal fuera y que pique donde quiera.
Bien sabe lo que dice el que pan pide.
Sin padrino no hay bautizo.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
El vino ha ahogado a más hombres que el mar.
Nunca dejes la certidumbre por la esperanza.
A pobre viene quien gasta más de lo que tiene.
No puede el cura a la par, decir misa y confesar.
Un dolor alivia otro dolor, y un amor cura otro amor.
Las caras nos vemos, más los corazones no.
Ocasión que se va, quien sabe si volverá.
Remienda paño y pasarás año.
Cuando Dios no quiere aliviar los males, ni sirven sangrías ni flores cordiales.
Fuera de su convento no está el fraile en su elemento.
Al cielo nadie va con ojos secos.
Acuéstate como la gallina y levántate como el marrano y vivirás siempre sano.
Si entiendes, las cosas son así. Si no entiendes, las cosas son así.
El hambriento, por sorber algo, sorbe el viento.
En Briviesca, el que no caza, pesca.
Piensa con menos emociones y vivirás largos días.
Caridad buena, la que empieza por mi casa y no por la ajena.
Los hermanos y las hermanas están tan unidos como las manos y los pies.
A ti te las digo, Pedro; si por ti las toma Juan, es que también a ti te van.
Lo que de noche se hace a la mañana aparece.
Desdicha es hacer comida para dos y comer tres.
En largos caminos se conocen los amigos.
Por San Justo y Pastor, entran las nueces en sabor, y las mozas en amor.
Sé justo con todos, pero no confíes en todos.
El buen vecino, arregla el camino.
Escarba la graja, mal para su casa.
Al que madruga, le da sueño más temprano.
Los encargos con dinero no se olvidan.
Ni uno de cada ciento, de su suerte está contento.
La presa que robó el gato, no vuelve jamás al plato.
Quien escucha, su mal oye.
Mira la peseta y tira el duro.
Nació como la auyama, con la flor en el culo.
Estas si que son piernas, que no las de mi mujer; y eran las mesmas.
Lluvia y sol, fiesta de caracol.