Por miedo de pajarillos, no dejes de sembrar mijo.
Boca con boca se desboca.
Como vinagre a los dientes y humo a los ojos es el perezoso para quienes lo emplean.
Con la primera copa el hombre bebe vino; con la segunda el vino bebe vino, y con la tercera, el vino bebe al hombre.
Del mirar nace el desear.
Ya están las migas en la poyata, y el que se descuide no las cata.
Al toro hay que agarrarlo por los cuernos.
La hermosura es flor de un día, hoy no luce, ayer lucía.
La mujer en casa y con la pata quebrada.
Una vez te casarás, pero mil te arrepentirás.
El pie en el lecho y la mano el pecho.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
No hay mujer por buena que sea, que cuando mea no se pea.
Cada gota que cae del cielo, tiene su sitio hecho.
Al fraile mesurado, mírale de lejos y háblale de lado.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
Hasta la belleza cansa.
Cuando la vela azota al palo, malo.
Día de agua, taberna o fragua.
Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero.
La bonanza amenaza borrasca
La zagala y el garzón, para en uno son.
Refran de los abuelos es probado y verdadero.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
Si supiese la hueste lo que hace la hueste, mal para la hueste.
Está más entristecido, que mico recién cogido.
De casas y de potros que lo hagan otros.
Solo hazlo y terminará el pánico.
La persona que no comete nunca una tontería, nunca hará nada interesante.
Los celos son malos consejeros.
El viento y la marea no esperan a nadie.
Mas caliente que axila de esquilador de ovejas.
A caballo dado no se le ve (el) colmillo. (v. tb. "A caballo regalado...", más abajo
El que nada no se ahoga.
Que tires para abajo, que tires para arriba, siempre se hara lo que tu mujer diga.
La casa del jabonero es toda un resbaladero.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
La manera de ver la luz divina es apagar tu propia vela.
Al saber lo llaman suerte.
El afeite que más hermosea es la dádiva buena.
A caballero nuevo, caballo viejo.
Dar a guardar las ovejas al lobo.
Sé arrojado, pero no demasiado.
Aunque tengas todo lo que desees en la tierra, nunca dejes de mirar al cielo.
A borrica arrodillada, no le dobles la carga.
No necesito tecomates para nadar.
No hables si lo que vas a decir no es más hermoso que el silencio.
La inteligencia es como los calzones, hay que tenerla pero no hay que mostrarla.
¡Madrecita, madrecita!, ¡que me quede como estoy!.
Donde entra beber, sale saber.