Oye, ve y calla, y con nadie tendrás batalla.
El primer amor se parece a las primeras nieves; raramente perdura
Hay momentos en que hasta el tigre dormita.
Un vaso de vino añejo da alegría, fuerza y buen consejo.
Los hombre dispuestos a prometer, están dispuestos a olvidar.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
Los libros, ¡cuánto enseñan!, pero el oro ¡cuánto alegra!.
Negar que negarás, que en Aragón estás.
Quien briega y se esmera, al fin se supera.
El corazón es una riqueza que no se compra ni se vende, se regala
No se tiene el alma de una amigo sin dar el alma
Cuando nos aman, señoras nos llaman; cuando nos tienen, ya no nos quieren.
El que las hace, las imagina.
Ruego y derecho hacen el hecho.
Si tu vida es adversa, pon la reserva.
Piensa con menos emociones y vivirás largos días.
Si no dejas de esculpir, lograrás tallar obras de metal y piedra.
Quien ama a Beltrán ama a su can.
No es la vaca que grita más fuerte la que da más leche.
Todo lo que no se da, se pierde.
Los hijos del oidor que murió están más muertos que el oidor.
Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.
Al revés te lo digo, para que me entiendas.
Dijo el asno al mulo: "Arre allá, orejudo".
Si no quieres que se sepa, no lo hagas.
Antes di que digan.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
El día de San Ciruelo, pagaré lo que debo.
La felicidad es como el dulce de azúcar, cuando se quiere, se hace.
Montado sobre un tigre, difícilmente se puede bajar.
El que ama, teme.
De todos los bienes somos avarientos, menos del tiempo.
Usted no puede enseñar el camino al gorila viejo.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
El que no te ama, burlando te difama.
El mal para quien lo fuere a buscar.
Donde hubo un gran mal, queda señal.
Negocian los hombres sabios, disimulando injurias y sufriendo agravios.
Amor de corneta, de diana a retreta.
Un mal juicio conduce a malas decisiones.
Tal para cual, la puta y el rufián.
Burro empinado, por hombres es contado.
Guárdame en casa y te honraré en la plaza.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
La lengua del justo está detrás del corazón, más la del necio va siempre delante, suelta y dicharachera.
Un tropezón puede prevenir una caída.
Al que es fraile, todos le parecen del mismo aire.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
La contemplación del vicio es vicio.