Qué bonita es la vergüenza, mucho vale y poco cuesta.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
Por la boca muere el pez y el piloto por los pies.
A raposa durmiente, no le amanece la gallina en el vientre.
Cada uno tiene su cada una, y cuando no, la busca.
De suegras y de cuñadas va un carro lleno, mira que linda carga va para el infierno.
Días se fueron y días vendrán; lo que unos trajeron, los otros se llevarán.
Hacer pinitos.
¡Madrecita, madrecita!, ¡que me quede como estoy!.
Entre los extremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía.
A escote, no hay pegote.
Más quiero una salchicha que cien palabras bien dichas.
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?; jarrito viejo, ¿dónde te botaré?.
Coma y beba con sus amigos pero no negocie con ellos.
Una sola vez no es costumbre.
Al amo comerle y no verle.
Si quieres que te aprecien, muere durante un viaje.
Más duro que sancocho de pata.
Al comerte una fruta piensa en aquel que plantó el árbol.
Quien con el perro se acuesta, con las pulgas se levanta.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Escucha el viento... que inspira
También de alegría se puede morir
La cara del santo hace el milagro.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
La risa abunda en la boca de los tontos.
Una casa sin amor es como una chimenea sin fuego, una casa sin la voz de un niño es como un jardín sin flores, la boca de la mujer amada sin la sonrisa es como una lámpara sin luz
La manzana roja siempre tiene algún defecto.
De jugador a cornudo, el canto de un duro.
Reniego del árbol que ha de dar el fruto a palos.
Siempre que haya en este mundo amigos íntimos, estarán tan cerca como simples vecinos aunque se encuentren en los confines más remotos.
Pedir peras al olmo.
Amor hace la llaga, y él, la sana.
Hasta una hormiga que pierde, duerme.
El que no cojea, renquea.
Al mal tiempo buena cara, y al hambre guitarrazos.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
El agua que en otoño corre, es la que te saca de pobre.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
La dama de doce años que no tiene novio, pele la pava con el demonio.
Lo que la loba hace, al lobo le place.
Tal padre, tal hijo.
Una pelea raramente continúa cuando el jefe ha caído.
Amor, tos, humo y dinero no se pueden encubrir mucho tiempo.
El hombre es verdaderamente libre cuando ni teme ni desea nada
Dos negaciones afirman, pero tres confirman.
A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente; a los treinta, el primero que se presenta.
El comer y el rascar no quieren más que empezar.
Al no ducho en bragas, las costuras le hacen llagas.
Leer entre renglones.