Cuando el dinero habla, la verdad calla.
¡Cuántas te tendrán envidia!.
Cuando viene la chata, qué haces sin estirar la pata.
Abril, Abrilillo, siempre fuiste pillo.
Quien se casa por dinero, no se llama caballero.
La misma virtud no escapa a los golpes calumniosos.
Casa sin madre, río sin cauce.
Los pájaros, tirándole a las escopetas.
El que con su desgracia se conforma, su dicha se forma.
Al que le venga el guante que se lo calce.
Moza gallega, nalgas y tetas.
Aunque me visto de lana, no soy oveja.
¿Adónde irá el buey que no are, sino al matadero?.
Lo que en los libros no está, la vida te enseñará.
Al principio y al fin, Abril suele ser vil.
Señal fija de agua, verla caer.
Hacer más daño, que un buey por un tejado.
Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
El que anda en silencio, cazar espera.
No hay mayor pena que perder a una mujer buena.
El que paga descansa, pero el que cobra aún más.
Cuando te sople bien el viento, aprovéchalo.
Quien en tiempo huye en tiempo acude.
La música calma a las fieras.
Quémese la casa sin que se vea el humo.
Raro es el regalo tras el que no se esconde algo malo.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
Bárbara reina, bárbaro gusto, bárbara obra, bárbaro gasto.
Dar a luz rejuvenece, criar es lo que envejece.
El dinero requiere tres cosas: saberlo ganar, saberlo gastar y saberlo despreciar.
De pena murió un burro en Cartagena.
Nunca pidas perdón antes que te acusen.
Tantos años de marqués, y no sabe menear el abanico.
"La virtud en su justo medio", dice el diablo, poniéndose entre los dos magistrados.
Donde no hay muerte, no hay mala suerte.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
Sopa en vino no emborracha, pero agacha.
Dar un cuarto al pregonero.
El que sabe, sabe y el que no aprende.
Sufrir mujer contenciosa, es brava cosa.
Acabada la misa, se parten las obladas.
Un alma sola, ni canta ni llora.
Soy el castigo de Dios, si no hubieses cometido grandes pecados, Dios no habría enviado un castigo como yo sobre ti
Inteligencia y belleza: gran rareza.
Nuestros padres, a pulgadas, y nosotros, a brazadas.
Con regla y compás, en tu casa vivirás; sin compás y sin regla, ni en tu casa ni fuera de ella.
La muerte a unos da buena a otros mala suerte.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Hijo malo, más vale doliente que sano.
Que cada sacristán doble por su difunto.