¿Tienes ganas de morir?. Cena cordero asado y échate a dormir.
El estúpido es como el ladrón de campanas que se tapa los oídos para no ser oído mientras roba.
Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad.
Si al anochecer relampaguea, buen día campea.
Quien miente, no habla lo que siente, sino lo que quiere.
Cuando la puta hila y el rufián devana y el escribano pregunta cuantos son del mes, mal andan los tres.
Acostumbrado a su cueva el armadillo no se aleja.
El trigo en la panera, y el vino en la bodega.
Los hijos cierran los oídos a los consejos y abren los ojos a los ejemplos. Fernando Monzón.
Por año nuevo, trigo y vino y tocino, ya es viejo.
La mariposa al posarse sobre la rama teme romperla.
Hasta el viaje más largo comienza con un solo paso.
Agua, agua, que se quema la fragua.
Amigos y libros: pocos y buenos.
Un padre sin hijos es como un arco sin las flechas.
Como suena a copla, tu me la soplas.
Ni amigo reconciliado ni cordero dos veces asado.
Completar (uno) el número de flautistas sin saber tocar la flauta.
Al mejor nadador se lo lleva el río.
Cuanta más prisa tienes más tropiezas.
El joven armado y el viejo arrugado.
Moza franca, bien juega el anca.
Fraile de buen seso, guarda lo suyo y guarda lo ajeno.
De casa ruin nunca buen aguinaldo.
A quien se hace puntal los perros le orinan en el cuello.
El cosechar y disponer de provisiones puede durar por largo tiempo.
Buen vino y buena tajada y no apurarse por nada.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Tantas veces va el cántaro a la fuente, que al final quiebra.
Loquillo y los Trogloditas.
En mi casa, yo me soy rey y yo me soy Papa.
Calva buena, luna llena.
Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
La fuerza no es un remedio
La letra mata, su sentido sana.
Hasta una hormiga que pierde, duerme. Hay dos animales ingratos: las mujeres y los gatos.
La risa hace buena sangre
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
Más ordinario que una monja en guayos.
Ama de buen grado, si quieres ser amado.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
Da consejos a todos, pero no seas fiador de nadie.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
No me quieras dar gato por liebre.
No te mofes de los viejos, que de ellos no estamos lejos.
Las desgracias no entran nunca por la puerta que les hemos abierto
Más apaga buena palabra que caldera de agua.
Vergüenza y virginidad, cuando se pierden, para la eternidad.
No hay duelo sin consuelo.