La culpa no la tiene el chancho, sino quién le da el afrecho.
Cochino fiado, gruñe todo el año.
La vejez mal deseado es.
Si has de andar en harapos, al menos que sean harapos limpios.
Si nadie habita una casa, ésta pronto se caerá.
Ave por ave, el carnero si volare.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Muchos saben el precio de algo, pero no su valor. Pues hay cosas que no tienen precio cuyo valor es incalculable.
Toda desgracia es una lección.
Récele a la Virgen, pero siga remando.
El hambre es el mejor cocinero.
Lluvia y sol, bautizo de zorro.
A buen amo, mejor criado.
Malos reyes, muchas leyes.
Gaviotas en el huerto, temporal en el puerto.
Tal para cual, Pedro para Juan.
Quien a hierro hiere, a hierro muere.
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
El embustero es un almacén de promesas y de excusas.
En la desgracia habita la felicidad y en la felicidad se oculta la desgracia.
Si tú entiendes, las cosas son como son; si tú no entiendes, las cosas son tal como son.
Si no sabes a donde vas, regresa para saber de donde vienes.
A persona lisonjera no le des oreja.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
La mujer del marinero, cuando hay pesca, tiene dinero.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Una mujer no es lo que vale, es lo que cuesta.
Casa en esquina, o muerte o ruina.
A todo coche, le llega su sábado.
Del mal que uno huye, de ese muere.
A caballo ajeno, espuelas propias.
En vísperas de viajar no te pongas a jugar.
Lo escrito, escrito esta.
Por decir "¡viva San Roque!", me metieron prisionero; ahora que estoy en prisiones, "¡viva San Roque y el perro!".
La mujer decente, sufre más que se divierte.
A la sierra, ni dueña ni cigüeña.
Hay mujeres que tienden a subir, y hay otras que suben a tender.
A quien has de acallar, has de halagar.
Digan lo que digan los pelos del culo abrigan.
Villano terco y cazurro, nunca cae del burro.
Las pestes y el matrimonio, son inventos del demonio.
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
Lo ajeno place a nosotros y lo nuestro a otros.
En vez de ella, bien quisiera la mujer, que uno pariera.
La vaca por el cacho y la mujer por la mama.
En queriéndome Dios aunque no me quieran los santos.
A quien bien te quiere, visítale poco, para que te desee.
De los hijos, el que muere, el más querido.
El cuco y el sacristán, juntos de juerga se van.
Putas viejas, al mercado, que ya el pie se ha despertado.