Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
Una receta que cambia el agua pero no la medicina.
Si el camello pudiera verse la joroba, se caería al suelo de vergüenza
Hijos crecidos, trabajos llovidos.
Tres saberes gobiernan el mundo: el saber, el saber vivir y el saber hacer, pero el último ocupa a menudo el lugar de los otros dos.
Únicamente los peces muertos nadan con la corriente.
Lo bello es difícil.
Nada abriga mejor que el calor de una sonrisa.
Fiar es de hombre bobo, pues es pagar lo que come otro.
La ofensa se olvida en una noche, el beneficio en un día
Bendito sea San Bruno, que da ciento por uno.
El que tiene padrino es el que se bautiza.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
Si vas a morir, muere llenito.
A bestia comedora, piedras en la cebada.
Locura es dar consejos a un enemigo; pero más locura todavía es tomarlos de él.
Cuando llueve y hace sol, canta el gallo del Señor.
Cántaro roto para tiesto vale.
Más vale tener tortícolis por mirar muy alto, que volverse jorobado por mirar muy bajo.
No se manda al corazón
La costumbre de jurar y jugar, mala es de dejar.
Toda alegría está destinada al que tiene el corazón contento: para quien lleva siempre sombrero el cielo está lleno de sombra
Agrandado como alpargata de pichi.
A bien obrar, bien pagar.
El amigo se preocupa de tu cabeza, el enemigo de tus pies
A la fuerza, ni la comida es buena.
Desconfiad de la mujer que habla de su virtud y del hombre que habla de su honestidad.
Las palabras y las cerezas, unas asen de otras.
Pasa la tormenta y desaparece el malvado, pero el justo permanece firme para siempre.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
El aburrimiento es el mejor enfermero
En las cosas del espíritu el que no avanza, retrocede.
¡Largue el gallo que es de las ánimas!.
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
Con putas y bretones pocas razones.
Cielo a corderos, agua a calderos.
Una verdad dicha antes de tiempo es muy peligrosa.
Cuentas claras conservan amistades.
Perla brillante arrojada en la oscuridad.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.
Al comer de las morcillas, ríen la madre y las hijas y al pagar, todos a llorar.
Variante: Ver para creer y para no errar, tocar.
El hombre es para el hombre un espejo.
Cuando se pide con fe no hay mujer que no lo dé.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa.
El flojo y el mendigo, caminan dos veces el mismo camino.
Si quieres que el Diablo no se presente, no lo mientes.
Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
El derecho de los pobres no es más que llanto