Agua de Febrero, mata al onzonero.
Al papel y a la mujer, lo que le quieran poner.
El que en buen árbol se aloja, dos veces se moja.
La casa esta donde el corazón.
Un pájaro no canta porque tenga una respuesta. Canta porque tiene una canción.
Aquella es bien casada, que no tiene suegra ni cuñada.
A jugar y perder, pagar y callar.
Cuanto más escarba la gallina, más tierra se echa encima.
¡Otra pata que le nace al cojo!.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
Tronar como un arpa vieja.
Las cartas y las mujeres se van con quien quieren.
Los ríos hondos corren en silencio, lo arroyos son ruidosos.
El mal hablar es semilla del mal obrar.
Cada santo tiene su candela.
Es en lo más estrecho del desfiladero donde comienza el valle.
El tiempo es como una flecha que vuela.
Ni cenamos ni se muere padre.
Oveja de todos, cómenla lobos.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
Golondrina que con el ala roza la tierra, agua recela.
Si la manga no es amplia no ondea
Nunca pares donde haya perros flacos.
Malo el gallinero donde canta la gallina.
El buen paño dentro del arca se vende.
El oro se prueba con el fuego; la mujer, con el oro; y el hombre, con la mujer.
Bien le huele a cada uno el pedo de su culo.
Después de la risa viene el llanto.
Que cada cual se rasque con sus uñas.
Lo de balde es caro.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
Fácil es recetar, difícil es curar.
El que buen Norte tiene, seguro va y seguro viene.
No amamos a una mujer por lo que dice, amamos lo que dice porque la amamos.
Cuanto hijo puta con cara de conejo. (Cartagena).
Allá va la lengua do duele la muela.
El que no corre, vuela.
Duélete carnero, que hay fiesta en el pueblo.
Bonito era el diablo cuando niño.
Predicar en desierto sería gran desacierto.
¿Quién decide cuando los médicos no se ponen de acuerdo?
Cuando un perro ladra a una sombra, mil perros más hacen de ella una realidad.
Alas tenga yo para volar, que no me faltará palomar.
De abundancia del corazón, habla la lengua.
Mucho Madruga el que una cartera que encontró; pero más Madruga el que la perdió.
La oración breve sube al cielo.
Quien lee y escribe no pide pan.
La alegría da resplandor a la piel de la cara
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.
El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel; y el hombre, su nombre