Por los reyes lo conocen los bueyes.
Buenas palabras, cantar de cigarras.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Por San Martín, trompos al camino.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
El que nace para burro, de niño ya tiene orejas.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
El vino para los reyes y el agua para los bueyes.
Idos y muertos, olvidados presto.
Si no puedes ganar dinero en la bolsa, ten miel en la boca.
Más te sacará del apuro un real tuyo que un duro del vecino.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Cuando llega la noche, el miedo se tiende a la puerta, y cuando llega el día, se marcha a las colinas.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
Pídeles consejos a los viejos y a los jóvenes, pero sigue tu propio sentido común.
Más es la bulla que la cabuya (cuerda).
El otoño verdadero, por San Miguel el primer aguacero.
El buen hijo a su casa vuelve.
Sobre brevas, ni agua ni peras.
Más ordinario que un cementerio con columpios.
Nadie remienda un vestido viejo, con un pedazo de vestido nuevo.
Salud y fuerza en el canuto.
De buenos y de mejores a mi hija vengan demandadores.
Manda y haz, y así a los torpes enseñarás.
De este destripaterrones venimos los infanzones.
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
A las diez deja la calle para quien es. Los rincones para los gatos, y las esquinas para los guapos.
Duro como teletubbie en alfombra de velcro.
Reflexionar tres veces antes de obrar.
¿De Aranda, hijo un demonio, y lloras?.
Hijo eres, padre serás; cual hicieres, tal habrás.
El pan ajeno hace al hijo bueno.
No necesito tecomates para nadar.
Los amigos se comprenden mejor en la distancia
Buena vida si refrenas tu ira.
No hay mejor vecina que tu cocina.
Más perdido que Papá Noel en mayo.
En casa del ladrón te roban hasta la respiración.
Remendando, remendando, vamos la vida pasando.
Nadie sabe de la sed con que otro bebe.
Del reir viene el gemir.
Ama profunda y apasionadamente.
Es triste no tener amigos, triste que los hijos pasen penurias, triste no poseer más que un sombrero; pero más triste es no tener nada bueno ni malo.
Al rebuznar se verá quien no es león
Ama como el lobo ama a la oveja
Fruta nueva? ¿quién no la prueba?
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
La mujer y la guitarra para tocarlas hay que templarlas.
Dar a un hijo mil onzas de oro no es comparable a enseñarle un buen oficio.
Variante: Acuérdate, nuera, que serás suegra.