Siembra por San Lorenzo los nabos, y llenarás el carro.
El que llora su mal, no lo remedia
A grandes penas, pañuelos gigantes.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
Quien a viejo quiera llegar, a los viejos ha de honrar.
Cuando el burro mueve oreja, guárdate bajo teja.
Un abuelo es como un caballo salvaje que ha sido entrenado por su hijo para que lo cabalgue su nieto.
De la nieve no sale más que agua
Ocurre en las mejores familias.
Acá como allá, y allá como acá.
Poca hiel corrompe mucha miel.
Durmió conmigo anoche o qué, que ya no saluda.
Para decir que el toro viene, no es menester tantos arrempujones.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
Juego y bebida, casa perdida.
El zorro cree que todo el mundo come pollo como él.
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
Todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero a nadie le gusta que le llamen viejo.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
Una palabra deja caer una casa.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
La misa, dígala el cura.
Los hijos de mis hijas, mis nietos son. Los de mis hijos, sábelo Dios.
Si no sabes quien eres menos vas a saber a dónde vas.
El mandamiento del pobre, primero reventar antes que sobre.
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
La suegra, ni aún de azúcar es buena.
La mierda, bajo la nieve, no se ve.
El que tiene más galío, traga más pinol.
Coge brillo cadenita, que tu mojo llega.
Cada tierra bien su fruto lleva; más no el que tu quieras.
Una olla y una vara el gobierno de una casa.
El cantar, alegra el trabajar.
Burlas de manos, burlas de villanos.
Visto de lejos, un gitano parece un ser humano.
Gitano no saca la suerte a gitano.
Con beatas y beatos, mucha vista y poco trato.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
Agrandado como alpargata de pichi.
Cuanta más prisa tienes más tropiezas.
De la perdiz, lo que mira al suelo; del conejo, lo que mira al cielo.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
Quien dice adiós, sin marcharse, ganas tiene de quedarse.
De veinte a sesenta, cornamenta.
El que hambre tiene, con pan sueña.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
En vino y en moro, no pongas tu tesoro.
Quien no enseña a su hijo un arte útil, le enseña a robar.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: "Si yo quisiera.".