Me casé con un viejo por la moneda, la moneda se acaba, el viejo queda.
El que afloja tiene de indio.
Los casados, casa quieren.
Hoy arreboles, mañana soles.
A quien labora, Dios lo mejora.
Duerme más que un gato con anemia.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Oración de ciegos, mal rezada y peor pagada.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
Para el verano te espero, pollo tomatero.
Paso de oso, diente de lobo y de vez en cuando hacerse el bobo.
Los muertos traen el buen o el mal tiempo
Poda para los Santos aunque sea con un canto.
Fiado se murió, mala paga lo mató.
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.
Tres cosas echan al hombre de su casa: El humo, el frio y la mala esposa.
Tanto pedo para cagar aguado.
Cuando llega la noche, el miedo se tiende a la puerta, y cuando llega el día, se marcha a las colinas.
La zarza da el fruto espinando y el ruin llorando.
Dinero de canto, se va rodando.
Por la boca muere el pez.
A barriga llena, corazón contento.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo.
El agua arruina el puente y el vino la mente
Avanza, avanza; que la juventud no se cansa!
A quien duerme, duérmele la hacienda.
En paellas y en culos, cada uno tenemos uno.
Ruego de Rey, mandato es.
Hay más días que sandías.
La felicidad viene a la casa donde se ríen.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
Más vale maña que fuerza.
El gañán y el gallo, de un año.
Del todo no muere el que deja por donde se le recuerde.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
Dibujar pasteles para matar el hambre.
Buen año de miel, que van los zánganos a por agua.
De tu casa a la ajena, con la barriga llena.
Tienes en casa al muerto y vas a llorar el ajeno.
El perro, mi amigo; la mujer mi enemigo; el hijo, mi señor.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Son cucarachas del mismo concolo.
Lágrimas Las del heredero son risas encubiertas.
A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.
El hábito no hace al monje.
Su ladrido es peor que un mordisco
A las diez deja la calle para quien es. Los rincones para los gatos, y las esquinas para los guapos.
Con el mismo cuero las correas.
Saber uno los bueyes con que ara.