Compañía no engañosa, yo y mi sombra.
Dios pone el remedio junto a la enfermedad.
El avaro desollaría a un piojo para obtener su piel.
Quien se vuelve dulce miel, las moscas dan cuenta de él.
La generación anterior planta árboles y la posterior se cobija a su sombra.
Orden y contraorden, desorden.
¡Qué bella flor el laurel rosa! y ¡qué amargo es el laurel rosa!.
La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
Los pícaros creen que nada puede hacerse sin picardía.
Dineros me dé Dios; que con mi poco saber me aviaré yo.
A la vejez aladares de pez.
Te paso la pala diego
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
Malas nuevas, como el rayo llegan.
Pasará, sea lo que sea.
De la mujer el primer consejo, que el segundo no lo quiero.
De grandes cenas, están las tumbas llenas.
Más vale dos bocados de vaca que siete de patata.
Nunca hagas grande a quien nació rastrero.
Aceitunas agrias, el padre las comió y el hijo las caga.
A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.
Son cáscaras del mismo palo.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
En casa del ahorcado, no mientes la soga.
El que esta arriba, no se acuerda del que esta abajo.
Prometer, prometer hasta meter, y una vez metido, nada de lo prometido.
Mucho tilín tilín y nada de paleta.
A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
La lengua es el castigo del cuerpo.
Incluso si el cielo se derrumba, habrá un agujero.
Ladran, pues cabalgo.
Lo bailado nadie me lo quita.
Gatos y mujeres, en casa; hombres y perros, en la plaza.
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Duerme el leal lo que al traidor le place.
A barba, ni tapia, ni zarza.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
Amores y dolores quitan el sueño.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
El que coge la verbena en la noche de San Juan, no le picará culebra ni bicho que le haga mal.
Quien mea claro y pee fuerte, enseña los huevos a la muerte.
La flor de enero, no llega al frutero.
El hambre tira, y el orgullo me levanta.
Las deudas de cariño, solo con amor se pagan.
Mal haya el vientre que del bien recibido no le viene miente.
La tórtola ocupa el nido de la urraca.
Grano a grano, se llena el granero.
Buena cara dice buen alma.
La paciencia es amarga, pero produce un dulce fruto.