Dios perdona a quien su culpa llora.
Idos los ladrones se toman mil precauciones.
A la mujer y al caballo no hay que prestarlos.
Fía solo en dos: en ti y en Dios.
Dueña que mucho mira, poco hila.
Las enfermedades son el impuesto que se paga por los placeres prohibidos.
Rosa que muchos huelen, su fragancia pierde.
El que no la hace a la entrada la hace en la salida.
Donde la puerta te abren, honra te hacen.
Irse a chitos.
Mas vale viejo conocido que nuevo por conocer.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
Después de que el barco se ha hundido, todo el mundo dice que sabía cómo se hubiera podido salvar.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
Agua de navazo, ensancha la barriga y estrecha el espinazo.
Las mujeres sin maestro saben llorar, mentir y bailar.
Al ausente, por muerto le da la gente.
Más vale tender la mano que el cuello.
Quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no quiere hacer algo encuentra una excusa.
Las llaves en la cinta y el perro en la cocina.
Loro viejo no da la pata.
Al comprar una casa piensa en el vecino que adquirirás con ella.
El que tiene una alta meta, suela cambiar de chaqueta.
Quién dijo pereza, dijo pobreza.
El tiempo todo lo cura y todo lo muda.
Jaulas y cárceles, ni para los ángeles.
Manos limpias y uñas cortas, no amasaron, malas tortas.
El que da, recibe.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
Se sabe donde se nace, pero no dónde se muere.
La zorra no se anda a grillos.
Dad al diablo el amigo que deja la paja y se lleva el trigo.
El pecado te acusa.
Muerto está el ausente, y vivo el presente.
Hasta en el día más claro puede llover.
Para el último viaje, no es menester equipaje.
¿Cuándo será el fin del mundo?. El día que yo muera.
Alfayate sin dedal, cose poco, y eso mal.
Sirva de algo mientras se muere.
Cuando guían los ciegos, ¡ay de los que van tras ellos!.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
Como mi hermano, que entró de mozo y salió de amo.
Si tienes mucho, da tus bienes; si tienes poco, da tu corazón.
El tiempo es el heraldo de la verdad.
La gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?.
A la larga el buen manjar, cansa al fin el paladar.
Fruta desabrida, no es apetecida.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
Hablara yo para mañana.
La rica en su desposado, lleva marido y criado.