Hacienda de señores, se la comen los señores.
El viento y la marea no esperan a nadie.
Aceitunas agrias, el padre las comió y el hijo las caga.
No enciendas un fuego que eres incapaz de apagar.
Tantos años de marqués, y no sabe menear el abanico.
Un zapatero, un sastre y un barbero, tres personas distintas y ninguno es verdadero.
A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.
Dando dando, palomita volando.
Tempran es la castaña que por Mayo Regan.
Los pajaritos de arriba, siempre se cagan en los de abajo.
El ignorante a todos reprende y habla más de lo que menos entiende.
La reunión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre.
El que no te conozca, que te compre.
Cuando no se puede segar, se espiga.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
Al amor, como a una cerámica, cuando se rompe, aunque se reconstruya, se le conocen las cicatrices.
Habiendo un hueso entre ellos, no son amigos dos perros.
Hay que desconfiar siete veces del cálculo y setenta veces del calculador.
Toda flor quiere ser fruto.
Más perdido que un moco en una oreja.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
Cada uno dice quién es.
El vino en bota, y la mujer en pelotas.
Hierba segada, buen sol espera.
Zorra que duerme, en lo flaca se le parece.
En Febrero llama a obrero, a últimos que no a primeros.
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
Dinero llama a dinero.
Quien se va lejos, vivo está y le tienen por muerto.
Luna que sale colorada, próxima ventada.
Un mal candado llamará a la ganzúa.
Quien se va, vivo y muerto está.
Al que quiera celeste, que le cueste.
Hablar con el corazón en la mano.
Cuando el camino es corto, hasta los burros llegan.
Me juzgaba desgraciado por la falta de zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies.
Madre holgazana cría hija cortesana.
Donde ajos ha, vino habrá.
Le busca las cinco patas al gato.
La frugalidad es una fortuna por sí misma.
Únicamente los peces muertos nadan con la corriente.
De un árbol, una rama y mejor desgajada.
La cerilla tiene cabeza pero no tiene corazón.
A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
Costumbre hace la ley.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
Amor irresoluto, mucha flor y poco fruto.
El Diablo no se harta de romper suelas.
Corazón codicioso, no tiene reposo.
Quien se pone ropa ajena, no puede decir que estrena.