De paja o de heno, mi vientre lleno.
Decir, dice cualquiera; hacer solo el que lo sepa, quiera y pueda.
No puedes poner maíz en una canasta con huecos.
Más vale tarta compartida, que una mierda para uno solo.
Gallo que canta al sol puesto, señal de muerto.
Al hombre le falta paciencia y a la mujer le sobra insistencia.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
La mula reparando y le avientas el sombrero.
Cojera de perro y lágrimas de mujer, no son de creer. (Variante: Cojera de perro y mal de mujer no hay que creer)
Esas perlas, perdónalas, por tener que engarzarlas.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
El llanto sobre el difunto.
Al que le van a dar le guardan y si esta frio se lo calientan
Llámame tío, pero no cuentes con nada mío.
La rueda de la fortuna nunca es una.
Pan caliente y uvas, a las mozas ponen mudas y a las viejas quitan las arrugas.
Hay mujeres que, como la leña de corcha, tienen tres arderes.
La felicidad es como el dulce de azúcar, cuando se quiere, se hace.
La tórtola ocupa el nido de la urraca.
La amistad, la que quieras, pero la cebada, a veinte la fanega.
Tiempo pasado traído a la memoria, da más pena que gloria.
Cosa buena es arrepentirse, pero mejor cosa aún es no exponerse a ello.
Nota: Lo cita García Márquez en "El amor en los tiempos del cólera".
¿Qué parió la burra?. Lo que la echó el asno.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
Pollo nuevo y vino anejo, hacen mozo al hombre viejo.
Si comes cerezas con los poderosos te arriesgas a que los huesos lluevan contra tu nariz.
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.
Dile al tonto que tiene fuerza y el tonto más fuerza hace.
La fama propia depende de la ajena.
Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo.
Charlar y no hacer, cacarear la gallina y no poner.
¿Quien es tu hermano?. El vecino más cercano.
Comer en bodegón y joder en putería.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
Jugar la vida al tablero.
Riñen los ladrones y descúbrense los hurtos a voces.
Salud sin trabajo, campana sin badajo.
La felicidad de una casa tranquila se valora cuando la paz deja de existir
Con putas y bretones pocas razones.
No digas que eres feliz hasta que tu enemigo se haya ido
Carne blanda y vino puro, alimento seguro.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Sufre callando lo que no puedes remediar hablando.
Que chulo tu chucho colocho
Entre amigos no hay cumplidos.
Casa convidada, pobre y denostada.
En casa del albañil, goteras mil.
La muerte a nadie perdona, ni a tiara ni a corona.
Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas de los demás.