El que nace para buey, del cielo le cae la yunta.
El que muchos oficios tiene, con ninguno se mantiene.
Días de mucho vísperas de ayuno.
A quien te da el capón, dale la pierna y el talón.
A pájaro muerto, jaula abierta.
Ayatola no me toques la pirola.
Muchos saben el precio de algo, pero no su valor. Pues hay cosas que no tienen precio cuyo valor es incalculable.
Los hombre dispuestos a prometer, están dispuestos a olvidar.
Camarón que se duerme amanece en el mercado.
Con el mal pastor, las ovejas se queman al sol.
Tesoro y pecado nunca están bien enterrados.
Ni lugar sin taberna, ni puta sin alcahueta.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
A dos puyas no hay toro bravo.
Ya acaecido el hecho, llega tarde el consejo.
Lo bailado nadie me lo quita.
La obra bien hecha, a su autor recomienda.
Lentamente, lentamente, maduran hasta las bananas
No hay que conejear sin perros.
Echa bien tus cuentas, para que después no te arrepientas.
Más ata pelo de coño que maroma de barco.
Cuando se enciende el pajar viejo, más arde que el nuevo.
No todo el que chifla es arriero.
Un vasillo de vino, al segundo le abre camino.
Beber, hasta la hez.
Estar en ayunas no mata, pero la glotonería sí.
Disfruta solo los placeres del momento.
Al amigo no apurarlo ni cansarlo.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
Cuando se es rico, siempre se baila bien.
Más barato es cuidar que edificar.
No hay mujer más buena que la mujer ajena.
Busca y hallarás; guarda y tendrás.
De tal árbol tal madera.
Hacerlo mal y excusarlo peor.
Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
El que poco pide, poco merece.
Buen amigo es el dinero.
No es pobre el que poco tiene, pero sí lo es el que vive con gran avidez.
Al que muere en el barco, le reclama el charco.
Edificar sobre arena no es buena labor.
Retírate, agua, y veré quien labra.
La mejor caridad es la justicia para todos
Niebla de Marzo, helada de Mayo.
Quien la haga que la pague.
Variante: Sol madrugador y cura callejero, ni puede ser buen cura ni el sol duradero.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
Tras la fortuna guía el favor.
Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.