Viejo soy y viejo serás: cual me veo, así té veras.
En las damas el desdén, es algo que parece bien.
Los que temen una caída están medio vencidos.
Ser lento en dar es como negar.
Hasta la reina, necesita de su vecina.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
No hay predicador más persuasivo que San Ejemplo.
Mujer hermosa, mujer que llora, sus males aminora.
Los celos son el gusano del amor.
Al que quiera celeste, que le cueste.
No olvide su cuna quien haga fortuna.
Nadie perdona que le hagan un favor.
De donde menos esperanza se tiene, de allí el bien viene.
La mucha alegría y la mucha tristeza, muerte acarrean.
La muerte a unos da buena a otros mala suerte.
Chica es la abeja, y nos regala la miel y la cera.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
Cuando los ciegos guían, ¡ay de los que van detrás!.
Laguna que no tiene desagüe, tiene resumidero.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Todos los hombres se entenderían bien sin las palabras mio y tuyo.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo.
No se cazan dos pájaros al mismo tiempo.
Una vez se nace, una vez se muere y una vez se quiere.
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
La ira es en vano sin una mano fuerte.
Casa de concejo, pajar de viejo.
El que quiero no me quiere, y el que no quiero me dan.
Jugar a dos barajas.
El que a cuarenta no atina y a cincuenta no adivina, a setenta desatina.
Si no puedes mejorar lo dicho por otros, guarda el noble silencio.
Aceitunas agrias, el padre las comió y el hijo las caga.
Araña muerta, visita cierta.
El hombre a los treinta, o vive o revienta.
Amo de muchos gañanes, todos para él truhanes.
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
Dí lo que quieres, que yo no estoy en casa.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
La mujer del viejo, relumbra como el espejo.
No son todos ruiseñores los que cantan entre las flores.
Buena mula, mala bestia.
Cuando el gallo canta y después bebe, pronto truena o llueve.
El que fía, salió a cobrar.
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba.
El que paga manda y el que no se aguanta.
Estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí.
Llegar al humo de las velas.
Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
No hay más araña que la que teje.