No hay mejor remiendo que el de la misma tela.
Cuando se encapota el sol en jueves, antes del domingo llueve.
La frugalidad es una fortuna por sí misma.
Hasta la reina, necesita de su vecina.
En las damas el desdén, es algo que parece bien.
Nadie perdona que le hagan un favor.
Mujer hermosa, mujer que llora, sus males aminora.
Los que temen una caída están medio vencidos.
No hay predicador más persuasivo que San Ejemplo.
Al que quiera celeste, que le cueste.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
Hombre que el bien no agradece solo el desprecio merece.
No olvide su cuna quien haga fortuna.
De donde menos esperanza se tiene, de allí el bien viene.
La mucha alegría y la mucha tristeza, muerte acarrean.
Todos los hombres se entenderían bien sin las palabras mio y tuyo.
Laguna que no tiene desagüe, tiene resumidero.
Chica es la abeja, y nos regala la miel y la cera.
Cuando los ciegos guían, ¡ay de los que van detrás!.
La muerte a unos da buena a otros mala suerte.
Una hábil ama de casa sin arroz no puede preparar una comida.
Una vez se nace, una vez se muere y una vez se quiere.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
El que quiero no me quiere, y el que no quiero me dan.
Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo.
La ira es en vano sin una mano fuerte.
No se cazan dos pájaros al mismo tiempo.
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Jugar a dos barajas.
El que a cuarenta no atina y a cincuenta no adivina, a setenta desatina.
Si no puedes mejorar lo dicho por otros, guarda el noble silencio.
Aceitunas agrias, el padre las comió y el hijo las caga.
Amo de muchos gañanes, todos para él truhanes.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
El hombre a los treinta, o vive o revienta.
Dí lo que quieres, que yo no estoy en casa.
Araña muerta, visita cierta.
La mujer del viejo, relumbra como el espejo.
No son todos ruiseñores los que cantan entre las flores.
Más vale sardina en plato, que una sirena en retrato.
El que fía, salió a cobrar.
Cuando el gallo canta y después bebe, pronto truena o llueve.
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba.
Se van con quien, las cartas y las mujeres.
Estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí.
El que paga manda y el que no se aguanta.
Llegar al humo de las velas.
Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
Con un consejo y un duro, sale el hombre del apuro.