Quien se quemare, que sople.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
No hay árbol que el viento no haya sacudido.
El que esta abajo no tiene miedo de caer.
Con el callar, vencerás.
Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
Canas y armas vencen las batallas.
Si tu mano se cubre de grasa apóyala sobre tus mejores amigos
A casa de tu vecino a prestar favores y no a pedirlos.
A casa de tu hermana, una vez a la semana.
Los cementerios están llenos de valientes.
A burra nueva, cincha amarilla.
Quien conversa con un rostro amable, llena de alegrías los corazones de los demás.
Por Todos los Santos, los trigos sembrados y todos los frutos en casa encerrados.
Variante: A buen hambre, no hay mal pan.
El joven puede morir, pero el viejo no puede vivir.
Al asno lerdo, arriero loco.
No te metas donde salir no puedas.
Dáis por Dios al que tiene más que vos.
Secreto dicho a mujer muy pronto se ha de saber.
Fruto vedado el más deseado.
Al mal pintor se le quedan calvos los pinceles.
Aconseja al ignorante, te tomará por su enemigo.
Te quiere bien quien te pone casa en Jaén.
No hay mula con cuernos, ni mujer discreta.
Padre millonario y trabajador, hijo vago y malgastador.
No por mucho madrugar amanece más temprano.
A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.
Esclava te doy y no mujer, trátala como burro y déjala sin comer.
Chocolate frío, échalo al río.
Estreno de traje fino, preciso chorreón de vino.
A casa de tu tía, entrada por salida.
Quien no ha sudado la plata, la coge y la desbarata.
¡Qué lindo don Diego, si no fuera muerto!.
Las únicas cuerdas que producen libertad son aquellas de las que surge música.
Quien tiene un criado, tiene un criado; quien tiene dos, tiene medio; quien tiene tres, ninguno.
Si golpeas tu mano contra una piedra, no esperes más que dolor.
El que cree en espantos, hasta de la camisa se asusta.
El duro del casado vale dos cincuenta.
El buen vino resucita al peregrino.
Renuncia solo cuando estés bajo tierra
Es mejor gastarse que enmohecerse.
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
La voz del culo no admite remedio ni disimulo.
Nunca amarga el manjar por mucho azúcar echar.
Antes de que te cases, mira bien lo que haces.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
Hasta la muerte, anda con pie fuerte.
En pleitos de hermanos, no metas las manos.